Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


La ‘batalla cultural, (y III parte). (20)

19/10/2020

En las colaboraciones de los pasados días 20 de septiembre y 4 de octubre, planteamos el tema de la ‘batalla cultural’ en España y en Europa, y como se estaba perdiendo ante el embate de las ideologías de izquierdas. Dejamos abierto el responder a la cuestión de qué hacer. En esta colaboración cumplo la promesa de hacer frente a ese interrogante, con la advertencia de que el tratamiento es enormemente complejo, y de que cada lector debe completarlo con su propia experiencia.
1. La lucha en la batalla cultural no puede dejarse en manos de los Partidos Políticos. La política es un negocio que tiene por objeto alcanzar el poder y cuya cuenta de resultados se mide en votos. Ya no hay Partidos ni Gobiernos que tomen medidas que sean impopulares. Y en la batalla cultural hay que tomarlas, ser políticamente incorrectos, ir contracorriente y decir las verdades de razón, aunque duelan.
2. La batalla cultural debe librarse en el campo de la sociedad civil. Desgraciadamente en España no tiene mucho peso. Pero hay multitud de asociaciones, fundaciones, ONGs que deberían hacer una labor paciente, persistente y continuada de promoción de los ideales y valores del humanismo cristiano y de oposición (aunque se tenga inferioridad de medios) al avasallamiento contrario. Un ejemplo lo tenemos en la Fundación Tomas Moro, que lleva casi cuarenta años difundiendo tales valores entre la juventud universitaria. Esa difusión es el objetivo último de estas colaboraciones y del libro que acabo de publicar con el título ‘Teoría y práctica del humanismo cristiano’.
3. Las redes sociales ofrecen unas oportunidades que no pueden despreciarse. Junto a tanta basura, existe también la posibilidad de transmitir doctrina sana y de rigor. Todos tenemos gran número de grupos en whatsApp. Y todos recibimos diariamente multitud de mensajes y de e-mails. Sería un derroche no aprovechar estas posibilidades de comunicación para, al menos, contrarrestar a la contraria y, a su vez, tratar de difundir lo que nos parece de razón.
4. La ejemplaridad y el testimonio son importantes, especialmente para la juventud. Si todos nuestros hombres públicos fuesen ejemplares, nuestra juventud sería distinta. Como hombre público no me refiero solo a los políticos, donde hay poco que escoger, me refiero a los ‘famosos’, a los deportistas, a los líderes de la música o la canción, a los artistas, a todos aquellos que tienen presencia en los medios. Si en vez de airear sus miserias hablasen del esfuerzo y los sacrificios que los han llevado a donde están, otra cosa sería nuestra sociedad. Ejemplos los tenemos. Sin ir más lejos, Rafa Nadal.
5. La batalla cultural será larga, y se perderán algunas, pero lo importante es ganar la guerra. Por eso la juventud es tan importante, porque estamos ante un problema de largo plazo. La gran mayoría de nuestros jóvenes no recibe clase de Religión en los planes de enseñanza. Ello, entre otras consecuencias, les incapacita para comprender la propia historia o la historia del arte. Pero no todo es negativo en la juventud. George Weigel, un teólogo laico, el mejor biógrafo de San Juan Pablo II, ha dicho que «hay indicios de un florecimiento espiritual y cultural en Europa, especialmente entre la gente joven».
6. Debemos ser conscientes de que la lucha en la batalla cultural será de minorías. Ello no debe asustarnos. Siempre los grandes empeños lo son. Y aunque no estén organizadas formando un frente común, lo importante es saber que están dispuestas a no dejarse vencer, cada uno en su ámbito o círculo de influencia. El humanismo cristiano dota de unidad en la doctrina, en los valores a defender, en los objetivos a alcanzar y en las normas de comportamiento social. Difundir sus ideales en un mundo en el que predomina el ‘humanismo exclusivo’, como señalamos en la última colaboración, es tarea que nos concierne a todos, aunque seamos pocos.