EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Existencialismo y mediocridad

16/04/2020

En nuestros rostros pazguatos y anodinos, disimulados con un incomprensible, generalizado, interesado y difundido cachondeo mediático de juergas balconeras y demás chorradas, como si los cerca de 20.000 muertos que llevamos fueran un asuntillo de pacotilla y no una catástrofe nacional sin parangón, se refleja ya la carencia de valores, la frustración y la desesperanza. En el fondo, la alienación política de los ciudadanos, el desencanto frente a la acción de gobierno, el aburrimiento y la cotidianidad, nos va haciendo insensibles y despiadados, pese a la apariencia de los aplausos vespertinos.
El coronavirus nos hace deambular como Meursault, el personaje de ‘El Extranjero’, de Albert Camus. ‘El Extranjero’ narra la historia de un oficinista afincado en Argel que comete un absurdo crimen sin motivación alguna. La novela nos sumerge en un ambiente frío, neutro, sin implicación social o emocional alguna. Bajo esta frialdad, Camus nos arrastra, como nuestra crisis sanitaria y económica, hacia una sensación constante de monotonía e indiferencia. Como en la obra de Camus, se hace imprescindible una reflexión profunda sobre el sentido de nuestras vidas.
Esta macabra sensación se refuerza por el hecho de que el coronavirus nos ha pillado inmersos en una realidad pasmosa de ineptitud en la acción política, que antepone la imagen, la propaganda, la ideología y los intereses de partido, a la eficiencia, la efectividad y la sinceridad, en aras de paliar la tragedia. Citando a Vargas Llosa, «…hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas».
En esta reflexión existencialista, que todos debemos hacer, viene al caso el concepto de ‘resiliencia’, que se refiere a nuestra capacidad para seguir proyectándonos en el futuro, a pesar de cualquier duro acontecimiento o condición de vida traumáticos. Desde el punto de vista de la Psicología, la ‘resiliencia’ se sitúa en «la realidad de seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en los individuos afectados recursos latentes e insospechados».
Pese al pesimismo que traslado, es preciso que aflore nuestra sensatez, nuestra personalidad resistente, nuestro sentido inquebrantable de supervivencia, nuestra fuerte sensación de control sobre los acontecimientos, la interpretación de las experiencias dolorosas como una parte más de la existencia, nuestro espíritu de reto frente a la vida. La rutina no debe vencernos. Nada ajeno debe dominarnos. Nuestro afán de libertad debe vencer a la cotidianidad más rutinaria, al absurdo, al sin sentido, a la mediocridad.