El Miradero

Francisco Javier Díaz Revorio


Música de mi vida: Joaquín Sabina

21/02/2020

Dice mi mujer que, ante todas las situaciones de la vida, encuentro una letra de Sabina oportuna e idónea. Quién sabe. Lo cierto es que yo, que tengo algo más de cuarenta y diez, y algo más de cuarenta y nueve dicen que aparento, incluso en estos tiempos, veloces como un Cadillac sin frenos, todos los días tienen un minuto, en que cierro los ojos y disfruto canturreando alguna canción de quien, algo mas talludito que quien escribe, igual sigue de flaco, igual de calavera, igual que antes de loco por cantar. Y desde que yo era mucho, pero mucho más joven, y viajé en sucios trenes que iban hacia el norte, y dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama, he escuchado miles -¡pero miles!- de veces tantos discos de Joaquín, desde el memorable ‘Sabina y Viceversa’; he cantado al pandillero tatuado y suburbial, que aún no tenía años para votar y ya pasaba del rollo de vivir, pero a punta de navaja y empujón conseguía que el coche vacilón fuera cambiando de dueño y de lugar. Y con quien llegó de Linares-Baeza, he descubierto y amado y odiado por igual a Madrid, la ciudad donde el mar no se puede concebir, donde el deseo viaja en ascensores, donde las niñas ya no quieren ser princesas y a los niños les da por perseguir. Donde cabe especular que «el campo estará verde, debe ser primavera».
También -¡cómo no!- he cantado con letra de Sabina a quien apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida, porque no hay nada mejor que encontrar un amor a medida. Yo me llamaba Adán, seguramente ella se llamaba... Y aunque la tele diera en diferido el Real Madrid-Benfica, yo siempre he preferido cantar con Sabina los motivos de un sentimiento que no se puede explicar, porque tampoco doy el tipo de hincha rapado y violento, pero, por supuesto, que gane mi equipo, ese que destaca por su manera de aguantar, de crecer, de sentir, de soñar, de aprender, de sufrir, de palmar, de vencer, de vivir y de subir y bajar de las nubes... Así que, querido Joaquín, me has acompañado toda la vida, y sé que a tantos y tantos más. Todos sabemos que prefieres levantarle la falda a la luna mientras el sol se mete en la cuna del mar a roncar. Que te gusta quedarte hasta las diez y las once, y las doce y la una y las dos y las tres. Todos tenemos nuestra faceta ‘canalla’, así que necesitamos que sigas cantando en nuestros oídos, dándonos la letra precisa para cada situación. Y aunque más antes que después todos hemos de enfrentarnos al delicado momento… pues eso, sin prisas que, a fin de cuentas, a las misas de réquiem no somos aficionados. No te diré, Sabina, que tengas cuidado con la nicotina. Porque tenían razón tus amantes en eso de que antes el malo eras tú, pero malo y todo te necesitamos. Así que cuídate. Por cierto… va a ser que mi mujer también tenía razón.