Querencias

Miguel Ángel Sánchez


La complacencia de los serviles

29/01/2021

Quizá hubo un tiempo donde el rumbo de la política hidrológica nacional pudo cambiar. Quizá fuese hace un par de décadas, o tres ya, con los nuevos aires europeos, las Directivas, los urgentes condicionantes del cambio climático y la gestión de los menguantes recursos hídricos. Pero no fue así. La política hidrológica española es una continua huida hacia adelante, ensimismada en su nadedad más sublime. Como una foto fija de los gloriosos años 50 del pasado siglo, el mundo debe seguir girando alrededor de una visión cortoplacista, finalista y donde los recursos son infinitos. Para la inteligentzia del agua –un decir, claro–, son los demás los que vamos en sentido contrario, los kamikazes que ponen en duda trasvases, más embalses, pozos, regadíos, y, sobre todo, planes de cuenca que sólo conducen a justificarse ante la burocracia de Bruselas y poco más.

Hay poco que hacer. Socialmente la batalla está perdida. Los ríos en el imaginario colectivo siguen siendo privados, de empresas, de confederaciones. Y de facto lo son. Los ríos siguen siendo albañales, vertederos, excusas… El poder sabe que la gente está de más, que el engaño es sencillo, que el nivel educativo no da para más. Que un río es agua, como un poema son simplemente letras que se pueden contar. Y así estamos.

El cambio no llegó. Ni lo veo en unas décadas. No se trata de la forma de entender de una generación. Sino de la forma de ser de un país, de una élite funcionarial que no ve más allá de la inercia recibida y se va encajando sin molde a una forma caducada pero cómoda. Muy cómoda. No hay voluntad política, cómo la va a haber si no hay ni un resquicio de personalidad, de creerte lo que hablas, más en un ministerio dedicado al medio ambiente. Y por eso pasarán gobiernos, y nada cambiará. Hasta que un día nos demos cuenta, como en otras tantas cosas, de que el escalón ya es muy grande, que nos hemos quedado más que obsoletos y fuera de juego. Pero eso es la historia de España.

No hay nada extraño en que se apruebe trasvase del Tajo al Segura un mes sí y otro también. No hay nada de extraño en que una infraestructura obsoleta, dañina tanto para el Tajo como para el Segura, opere por encima de la ley. O, mejor dicho, con un aparataje jurídico a la carta que responde a intereses muy particulares, y que otorga a esa inteligentzia funcionarial y a los políticos de turno, la complacencia de los serviles.

Es lo que hay. Poco más. Como sociedad hemos cedido demasiado. Quizá no nos importe. Quizá así sea el juego. Al menos para los complacientes. Y los serviles.