Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


La historia se repite… Ahora en territorio “cristiano”

23/08/2020

Mil años hace de la descomposición del Califato de Córdoba que dio lugar a los reinos de Taifas. La descomposición comenzó en 1009 con la destitución de su Califa, Hisham II y terminó con la destitución en 1031 de Hiham III proclamando la República -¿les suena?- compuesta por un sinnúmero de reinos atomizados conocidos como “taifas”. Terminaron sucumbiendo ante los más potentes reinos cristianos.

Mil años después hemos descubierto los españoles el sistema y nos hemos entregado a él con ahínco, creando diecisiete reinos insignificantes que, como tales, no son capaces de enfrentar con éxito el principal problema actual de los españoles que es la terrible pandemia.

Porque no nos hemos conformado con hacer una sana descentralización, sino que hemos ido mucho más lejos hasta hacer de cada autonomía un verdadero Estado. Lo peor es que los resultados de tan absurdo sistema los estamos sufriendo ante este embate, que constituye una verdadera prueba de supervivencia. Porque los datos son incontestables: somos el país con peor gestión sanitaria de la crisis y el que mayor destrucción de tejido económico está sufriendo.

El problema ha llegado a tal grado de absurdo que ahora las medidas ordinarias de gobierno las tienen que tomar nuestros jueces, que ni están para eso ni tienen estructura de gobierno –bastante tienen con lo suyo- y menos en época de crisis como la que vivimos.

Están creciendo los contagios y se está destruyendo empleo al mismo ritmo, un ritmo que no alcanza ningún país de Europa. Sin embargo nadie hace nada con la celeridad que la dimensión del problema exige y lo que es más inaudito: el ornamental gobierno nacional está de vacaciones.

El pasado viernes se reunieron por fin el ministro de Sanidad con los gobernadores de las diecisiete ínsulas, algunas incluso sin agua, en las que han dividido España. Parecía que habían cogido el toro por los cuernos y que al día siguiente saldría en el BOE una panoplia de medidas que atajaran la situación. Pues no, ni el sábado, ni el domingo ni ningún día. Resulta que después de esa reunión cada “taifa” tiene que hacer la legislación que quiera en su territorio. El resultado es que el virus está siendo mucho más rápido que las diecisiete comunidades, nacionalidades o territorios históricos juntos.

¿Nos hemos vuelto locos? Pues los resultados nos están demostrando que o locos o ciegos. Porque España no es un país tan grande como para que todas sus partes no estén correlacionadas. El mismo español que los días de diario es madrileño, los fines de semana es castellano-manchego, extremeño, valenciano o castellano-leoneses. Eso por no decir que hay una importante población que trabaja en una “nació” y duerme en otra.

Esta realidad convierte en absurda la estructura de territorios insignificantes que hemos creado, al menos para las cosas importantes. Desgajar las competencias principales del Estado es una verdadera locura. Un Estado tan interrelacionado y pequeño como España no puede poner en manos de las Comunidades Autónomas ni la Justicia, ni la Educación ni la Sanidad, porque, a las pruebas me remito, hace estos servicios inviables e ineficientes. ¿Alguien sabe cómo y cuándo comenzarán nuestros colegios este año?

No vendría mal revisar nuestra Historia y aprender de ella que para destruir algo lo mejor es meter la cizaña de la división dentro.