Me la juego

Ana Nodal de Arce


Los adoquines de Tolón

11/03/2020

Les aseguro que esta semana quería ser positiva, escribir de algo bonito, de los cielos de Toledo, por ejemplo, que son de una belleza extraordinaria. Pero el destino no acompaña mi voluntad. Estamos en un escenario de salud pública preocupante, con una epidemia que se nos vendió como gripe común y que ya ha cambiado nuestra forma de vida. No sé qué medidas se habrán tomado cuando ustedes lean estas líneas, pero me parece cuando menos cruel que se relativice hablando de personas mayores como únicas fallecidas. Esos ancianos tienen familia, tienen nombre y apellidos y merecen mimo y respeto. No son números, que nadie lo olvide.
Dicho esto, me centro en Toledo, donde continúa la extrema voracidad hacia ese patrimonio visigodo que tanto nos hemos empeñado algunos en proteger. Locos y soñadores, tal vez, pero constantes. Tras la visita del señor Perelló, embajador sanchista en la Unesco que vino a echar un capote a su amiga Tolón en su insensata huida hacia adelante por construir en Vega Baja, llega el siguiente capítulo de esa tosca política del asfalto: la ampliación del aparcamiento de Santa Teresa, con una inversión de 452.000 euros proveniente del superávit municipal de 2018, incluida una rebaja del 24,7% según lo previsto. Y es que parece que el Ayuntamiento pensaba destinar 600.000 euros  a colocar adoquines en ese entorno para que aparquen 205 coches más.
Eso sí,  la alcaldesa ha dicho que se utilizará ‘adoquín en celosía’ para no dañar los restos arqueológicos. Es más, ha añadido que habrá un espacio del entorno «que se va a perimetrar, que es donde están los restos arqueológicos. ¿A qué perímetro se refiere? ¿Los visigodos acumularon sus restos en una esquinita? ¿Nos tranquiliza la alcaldesa con sus adoquines? No.
Como toledana, como vecina, pido al equipo de Gobierno que dedique ese superávit tan goloso a arreglar la ciudad, por ejemplo los pasos de cebra, que parecen campos de minas con tantas zanjas. También podrían rebajar los impuestos si les sobra dinero, algo por otro lado sorprendente en una capital con tantas carencias. Pero, ante todo, dejen de agredir nuestro patrimonio a base de facilitar el aparcamiento a coches privados, que es momento de pensar en potenciar el transporte público en una de las ciudades más irrespirables de España. Y de eso, como de nuestro Tajo, también habrá que hablar.