MIS RAZONES

Pilar Gómez


No, Illa, así no

25/01/2021

La ausencia de principios se ha instalado en nuestra política nacional y desborda los límites de lo razonable. El ministro de Sanidad de uno de los países con más alta mortalidad durante la pandemia, en pleno drama de la tercera ola y en los primeros pasos de la difícil operación vacuna, decide aceptar la candidatura como aspirante del PSC a presidente de la Generalitat y mantiene, por el momento, su condición de miembro del Gabinete de Pedro Sánchez.
¿Dónde se ha visto cosa tal? La desvergüenza es de tal nivel, asciende a índices tan estratosféricos que mueve al rechazo general, a la crítica sin límites, al bochorno sin paliativos. Salvador Illa, por lo demás, cuyo único doctorado es en incompetencia, no considera irregular tal situación. Ni siquiera le extraña, o así al menos actúa. Todo lo contrario. Asegura que se dedica ‘un 101 por ciento’ a su arduo menester al frente de la Sanidad española. ¿Quién se lo cree? Nadie, porque hay evidencias que lo desmienten.
España se encuentra en una situación gravísima, con las cifras de contagios, ingresos, UCI y fallecimientos a niveles de los peores momentos del pasado año. Illa se dedica a marear la perdiz, no afronta con resolución el problema, no ofrece un plan, no toma medidas. Desde el verano, el Gobierno está desaparecido en este asunto, salvo para plantear problemas o escamotear datos esenciales. Solo sabe decirle que ‘no’ a los reclamos de los gobiernos autonómicos. Ceder a sus demandas implicaría el reconocimiento de serios errores. Amen de que forzaría el retraso de las elecciones en Cataluña, extremo que el PSC rechaza en forma absoluta. Los sondeos le son favorables.
No se puede jugar con la salud de la gente. No se puede tener un ministro de Sanidad aposentado ya en Barcelona, sumergido en sus legítimos intereses como aspirante a presidir el Gobierno de aquella región, pero compatibilizando esa agenda con la de titular de Sanidad. No puede ser. Es un doblete inadmisible. Algo inaudito una situación pandémica como la que estamos atravesando, rebosante de nubarrones y sin un horizonte despejado. No es no, que diría Sánchez. Los datos cotidianos de hospitales y centros sanitarios caen como losas, pesadamente, cada día, mientras el máximo responsable público de liderar la guerra contra ese mal está preocupado de otras cosas. No, señor Illa, no y mil veces no.