Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Saldremos de esta

06/03/2020

Hay épocas en la Historia en que los hados parecen ponerse de acuerdo para atemorizar a la humanidad. La suerte es que, cualquiera que sea la composición de estas fuerzas negativas que nos acosan, cada vez su efecto es menor, aunque quizá por ello, por la seguridad y comodidad con que vivimos, sobre todo en algunas partes del ‘globo azul’, el resultado nos atemoriza más.
Los medios actuales nos permiten, valga la exageración, que casi pueda televisarse la infección del ‘coronavirus’. Cada día tenemos noticias casi exactas de cuantos afectados hay y su estado concreto. Sabemos el ‘nombre de pila’ del virus que ocasionó cada infección, de dónde vino, quién lo trajo y hasta si alguna noche el dichoso virus ‘llegó a casa borracho’ como pretenden algunos grupos de feministas.
A poco que reflexionemos, podremos adquirir consciencia del grado de desarrollo que la Humanidad ha logrado, que ha permitido la superpoblación de la Tierra. Si damos un ‘paseo’ por las más furibundas epidemias que ha sufrido el hombre, veremos con claridad, que lo que ahora nos aqueja es una verdadera broma, en comparación con lo que tuvo que superar el género humano, y además sin medios.
Parece que en el XIV desapareció la tercera parte de la población por causa de la peste, sin que aquella población tuviera la más remota idea de por dónde la atacaban y mucho menos la defensa posible ante tal acometida. Los remedios empleados, como ocurre siempre que no se tiene la menor idea de cuál es la causa del mal, fue, por ejemplo, exterminar a los judíos de algunas regiones pobladas del planeta. No se les ocurrió en cambio combatir las pulgas ni las ratas, que tenían más que ver con la epidemia, pero es que claro, la ‘Yersinia Pestis’ era una bacteria demasiado pequeña para descubrirla.
La viruela hizo también de las suyas hasta que se la dio por extinguida en 1980 en que, supuestamente rusos y americanos, destruyeron las cepas que conservaban en sus laboratorios.  No fue a la zaga la llamada ‘gripe española’. Mala suerte la nuestra. Resulta que su nombre se debe a la mayor libertad de prensa de que se gozaba en España en la primera veintena del siglo XX, que permitió que aquí, como estábamos al margen de la Gran Guerra, la Primera Mundial, las portadas de nuestros periódicos, en lugar de abrir con la batalla del Marne, Los Dardanelos  o Verdún, se dedicaban a la epidemia de gripe, una famosa ‘añada’ que se cargó entre el 3 y el 6% de la población mundial. Solo en China más de treinta millones.  
Pues si la Humanidad ha superado todos esos embates ‘a pecho descubierto’, los medios que ahora disfrutamos nos permitirán superar esta crisis sin tardar mucho y, lo que es más importante, sin la sangría de vidas humanas que costaron las precedentes.
Lo mismo ocurrirá con esta ‘pandilla’ que nos gobierna: enriquecidos y gordos, se retirarán a sus bien fortificadas mansiones para disfrutar de las riquezas que supieron amasar en nombre del esquilmado proletario. Para ello ya se han encargado de romper las cadenas del límite salarial que les oprimía. Ahora siguen convenciendo a la parroquia con eso de que ‘quieren volver a casa solas y borrachas’, cuando su manifiesta intención es volver forradas. También esto, pronto será historia…