Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¡En qué manos estamos!

Nuevamente esta semana Pedro Sánchez se ha retratado de cuerpo entero. Hay pocas groserías, faltas de respeto y vilezas que le queden por hacer. Es el prototipo de la egolatría y el egocentrismo: solo él tiene importancia y solo su estancia en la Moncloa es transcendente. Lo demás, incluida España, los españoles y todas sus instituciones le importan un bledo.

 En los últimos días ha demostrado, una vez más, su catadura. Primero autoriza gobernar Navarra dependiente de los terroristas no arrepentidos. Unos días después menos precia la primera magistratura de España llegando tarde, no un minuto, que no estaría bien, sino casi una hora, que ya es impresentable.

Poner el gobierno de Navarra en manos de los etarras irredentos, esos que sin pudor anuncian que se hará un homenaje a cada etarra que salga de la cárcel, es un ofensa gravísima a las personas que han hecho el sacrificio mayor que una persona puede hacer: dar la propia vida. Entre los muchos, casi mil, españoles que han perdido la vida a manos de los etarras hay incluso correligionarios suyos, además de servidores del Estado y hasta niños de corta edad. Ninguna de estas sangres debe considerarlas Pedro Sánchez suficientemente dignas para sacrificar por ellas el gobierno de una comunidad autónoma. Mayor oprobio creo que no cabe en quién debería ser modelo a seguir por  la sociedad que gobierna.

El retraso en casi una hora en su llegada al despacho con el Rey, incide de igual forma en este desdén con el que trata todo aquello que no sea su personal lucimiento y su permanencia en la Moncloa, máxime cuando era consciente de que media España estaba esperando ese despacho para ver si se vislumbra alguna solución para la gobernabilidad de España. Que este retraso no se debe a ninguna fuerza mayor lo demuestra el hecho de que no es la primera vez que lo perpetra  y tampoco se ha explicado que así fuera.

Nuevamente, sin rubor alguno, deja bien claro su absoluta egolatría y desprecio por quién representa a los españoles. Seguramente sea difícil de encontrar un caso similar, porque siempre, por protocolo, lógica y simple educación, es la persona de menor rango la que debe esperar a la de mayor y no al revés, máxime cuando se trata del propio Jefe del Estado.

 Lo que es difícilmente asimilable es que una persona así pueda dirigir un país, sobre todo si lo dirige por  los votos de sus ciudadanos, porque una cosa es que haya una minoría carente de principios y otra cosa es que sean millones los que decidan que sea un ser así quien los gobierne. Eso significa que la humanidad ha avanzado muy poco realmente, que las atrocidades que la Historia nos cuenta de otros momentos, realmente puede volver a producirse.

La consecuencia de esta absoluta falta de respeto es que, cuando ya se nos han olvidado las elecciones, resulta que aún no ha sido capaz de formar gobierno y seguimos gobernados por los últimos presupuestos que aprobó Rajoy. Realmente deben ser geniales cuando España se puede seguir gobernando con esas más que rancias cuentas ¿Qué hace Pedro Sánchez al respecto? Pues pelando la pava, echando la culpa de su impericia a los demás y dejando pasar el tiempo como la puerta de Alcalá… y presumiendo cual ratón encima del queso.