Me la juego

Ana Nodal de Arce


Las notas de Page

18/02/2021

Un notable alto. Casi sobresaliente. Esa es la nota que 11.000 ciudadanos, según ‘un sondeo’ del Sescam, otorgan a la atención en los servicios sanitarios de esta tierra. Un 8,47 sobre 10.  Y como, a pesar de todo, mantengo la capacidad de sorprenderme, este derroche de propaganda de la Junta me deja estupefacta. Y no me entra la risa porque la cosa es muy seria. Pues sí, la directora general de Cuidados y Calidad, atentos al cargo, ha dado una rueda de prensa sin ningún rubor para dar a conocer estas calificaciones. Mientras, seguimos sin atención primaria presencial, con consultas de especialistas aplazadas sine die y unas condiciones hospitalarias que no son las más adecuadas para el siglo XXI, más que nada porque algunos edificios se caen a pedazos. Así no hay profesional que ofrezca una buena atención, no nos engañemos. Pero los usuarios de la encuesta del Sescam, que deja a las de CIS en pañales, están contentos. Válgame Dios.
No se mostrarían tan satisfechos los señores y señoras de la Junta si alguno de sus familiares o ellos mismos se hubieran contagiado por covid en el propio hospital donde han sido ingresados por otras patologías. Y ya son varios casos los que conozco en el Virgen de la Salud: mayores que entran con un test negativo, se infectan del maldito virus durante su estancia y alguno fallece, por desgracia. Tampoco Begoña Fernández Valverde, así se llama la directora general, creo que echaría las campanas al vuelo si a alguna persona cercana le retrasaran la revisión oncológica o una consulta de un especialista, que ya acumulaba retrasos, sin darle una fecha alternativa. «Ya le llamarán». Así está la sanidad. Y después de casi un año de pandemia, no se atisban visos de que mejore.
Y ya que nos ponemos, seguiremos dando notas a este ejecutivo que nos ha tocado sufrir: la cultura. A Page y a los suyos no les gusta ir al cine. Eso es evidente. O no se han acordado de que existe la pantalla grande. Ni los teatros. Ni los conciertos. Aquí les otorgo un suspenso en toda regla. Un aprobado raspado por sus últimas medidas: aplaudo, aún con restricciones, la apertura de bares, que me han dado la oportunidad de degustar maravillosos pinchos de tortilla, así como de centros comerciales, a los que soy menos asidua. Celebro poder salir de los confines de mi municipio, aunque sea para ver los molinos de La Mancha y sigo clamando por autorizar las visitas a residencias de mayores. Aquí Page, Fernández y Sánchez (Aurelia) sacan un doloroso 0.
Y así, escribiendo, me doy cuenta de que vivimos al albur de criterios políticos, que a veces se traducen en meras ocurrencias, como el código QR en la hostelería, cuya utilidad es más que discutible en un local grande y siguiendo las normas de seguridad. Percibo que nos hemos habituado a que controlen nuestras vidas y corroan nuestro espíritu crítico, mientras los fallecidos siguen engrosando por centenares el capítulo más negro de la historia reciente. Vivimos en una pandemia. Y si nos portamos bien, como ha dicho Page, nos deja un poco más de libertad. Y si no, el presidente, menudo es, nos confina, cierra negocios y nos condena a una lenta agonía. Venga, que me hagan una encuesta, que estoy deseando poner notas.