Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¡Viva el Rey!

09/08/2020

En alguna ocasión he sostenido que desde el punto de vista de la razón, no entiendo la existencia de la monarquía. Sin embargo, desde la realidad, en concreto desde España, lo irracional sería defender un sistema, el republicano, que ya ha demostrado que no funciona y que nos conduciría casi seguro a la catástrofe. Por ello, aun considerándome intelectualmente republicano, defiendo para España la monarquía parlamentaria que adoptamos como forma de Estado y ello, además, por las razones que a continuación les expongo:
Por los apoyos del sistema republicano. Desde mi punto de vista «lo mejor de cada casa»: independentistas: no de ideales, sino dispuestos a conseguirlo por la fuerza; bolivar-comunistas: como los anteriores, no son idealista, esperan la menor oportunidad para asaltar, y digo asaltar, no llegar o conquistar, sino apoderarse del poder sin reparar en formas; filoterroristas: no hay ningún etarra, ex etarra, simpatizante de ETA y de sus aledaños que no defienda la imposición de la república; anticlericales militantes: no defensores de la libertad de creencia, sino fervientes defensores de inocular su credo…
Porque así lo decidió en su día el pueblo español. Ya sé que la Constitución se aprobó como un bloque normativo y no se preguntó en concreto si queríamos monarquía o república, como tampoco se preguntó separadamente si queríamos autonomías, impuesto sobe la renta o carreteras comarcales. Para eso tendríamos que haber convertido España en un parlamento, a todas luces absurdo. Lo cierto que es los españoles aprobamos una Constitución que recogía la monarquía como forma de Estado y, desde entonces, el pueblo español no ha acordado lo contrario. A diferencia de este origen incontestablemente legítimo, la idolatrada Segunda República nació de un golpe de mano en unas elecciones municipales que ni tan siquiera ganaron los republicanos. En cualquier caso, nació de unas elecciones municipales y no de un referendo para su instauración. Por tanto, la superioridad de legitimación de nuestra monarquía actual con respecto a esa idealizada república, es incontestable.
La propia facilidad para sustituir la persona que encarna la Institución. Hemos visto que, sin acusación de ningún tipo y mucho menos sin condena y ciertamente por una conducta que desgraciadamente no parece que fue ejemplar, Don Juan Carlos tuvo que abdicar la Corona y hasta ha tenido que alejarse de España. Nuestro gobierno está plagado de miembros con irregularidades más que evidentes, y ahí siguen perdonando la vida a otras instituciones con miembros mucho más indignos. y, lo que es más, a nadie se le ocurre que, por tener algún miembro del gobierno que deje que desear, tratar de imponer un sistema distinto, como se está haciendo con la monarquía.
Por último y más importante, la monarquía es probada garantía de democracia. Es la Institución que nos garantiza que celebraremos elecciones cuando toque y de que gobierne quien decida la mayoría de los españoles. Incluso es el instrumento que nos permitirá constituirnos en república o declarar independiente a una parte del territorio de lo que hoy es España, si se hace por los cauces legalmente previstos.
Es, por tanto, la firmeza de la Institución lo que le granjea el odio de quienes están dispuestos a subvertir el orden constitucional y legal con tal de conseguir sus propósitos, y es por esta misma razón por la que, incluso no siendo ideológicamente monárquico, lanzo este ¡Viva el Rey!