Querencias

Miguel Ángel Sánchez


Los municipios ribereños, pieza clave

Han tardado poco en poner el grito en el cielo desde las comunidades trasvasistas, ante la posibilidad de que los municipios ribereños entren en la comisión de explotación del trasvase Tajo-Segura, aunque sea meramente con voz, sin el necesario e imprescindible derecho al voto. Hasta Andalucía, que siempre ha sido la tonta útil de Murcia en esto del trasvase, ya ha dicho que se va a negar. Andalucía debería analizar por qué jamás llegó prácticamente agua del trasvase a Almería, simplemente por el egoísmo de Murcia; y su papel comparsa durante estos años en el asunto del trasvase, sin obtener prácticamente beneficios.

En los próximos años el punto clave de la gestión, y de la liquidación del trasvase Tajo-Segura, va a estar sin duda en la cabecera del propio río. La cabecera del Tajo está obligada a satisfacer una serie de demandas que cada vez son más importantes, no sólo la del trasvase a extinguir ya, sino de la propia cuenca, y probablemente en unos decenios el abastecimiento también a la Comunidad de Madrid. Por ejemplo, este verano --como otros anteriormente-- los caudales legales y las demandas de regadío de Talavera de la Reina se está satisfaciendo con agua de la cabecera que sale directamente del embalse de bolarque, por eso ahora mismo en Aranjuez hay un caudal que supera los 20 metros cúbicos por segundo aunque a Talavera solamente lleguen escasamente 5 ó 10, debajo incluso muchas veces de lo legalmente establecido. La cabecera bastante tiene con satisfacer la demanda de su propia cuenca.

Es relativamente fácil dimensionar un modelo que satisfaga las dos propiedades fundamentales de la cabecera del Tajo, la primera mantener unos niveles altos de Entrepeñas y Buendía para por un lado garantizar las propias reservas, y por otro satisfacer las lógicas demandas de desarrollo turístico y económico del municipio ribereños, además del abastecimiento, que suena mal hasta escribirlo. Y en segundo lugar con esas reservas altas garantizar los caudales ecológicos que han de establecerse en el río para lograr el buen estado de las masas de agua, caudales ecológicos que no solamente son mínimos sino también caudales de crecidas, es decir, simular pequeñas avenidas aguas abajo que devuelvan pulso y dinámica de río al propio Tajo.

La cabecera del Tajo es sistema muy sencillo: con una capacidad de reserva de 2.500 hectómetros cúbicos, y unas aportaciones medias en series de 10 años de aproximadamente 750 hectómetros cúbicos. Es decir, en 10 años se aportan 7.500 hectómetros cúbicos al sistema. El secreto de la gestión está en dejar siempre 2.000 en la cabecera y jugar en esos 10 años con los 5500 restantes. Teniendo en cuenta que los caudales mínimos que debe satisfacer la cabecera en el eje del Tajo son aproximadamente esos 500-550 hectómetros cúbicos, tenemos muy fácil la ecuación. Lo único que hay que hacer es aprovechar el próximo ciclo húmedo y dejar llenar Entrepeñas y Buendía, cerrar el trasvase y comenzar de una vez a gestionar bajo rigores técnicos.

Las cinco sentencias del Tribunal Supremo han puesto los puntos sobre las íes en la gestión del Tajo, pero el Gobierno de España trabaja contrarreloj para dejarlas sin efecto y mantener hasta el último momento el trasvase. Es vital que los municipios ribereños tengan voz y voto en la comisión de explotación, aunque todo venga ya digerido desde las tripas del Ministerio. Y sería muy importante también que en esa comisión estuvieran presentes las ciudades por las que pasa el Tajo, al menos Aranjuez Toledo y Talavera de la Reina. Pero lo que sí que es vital es un planteamiento de una gestión de la cabecera del Tajo que garantice volúmenes importantes almacenados y garantía para las demandas el sistema de toda la cuenca del Tajo, incluida la Comunidad de Madrid, hasta Talavera De la Reina. Eso es ahora mismo lo que se está discutiendo y ese será el campo de batalla de los próximos años.