LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


La cena de los acusados

19/02/2021

Me atreví con El poder del mito de Joseph Campbell, renombrado experto, cuyo vasto conocimiento iba parejo a una desorientación moral acuciante. Si pillas un libro de George Steiner o si tienes el honor de leer a Jean d’Omersson sientes tus limitaciones intelectuales, una pequeñez reconfortante al estimular la humildad. La soberbia impulsó aberrantes ideologías que se apoyaron en individuos inteligentes amantes de sus construcciones racionales sin analizar sus consecuencias. La capacidad para negar la evidencia es propia de los prepotentes, mientras que los tontos o incultos suelen desarrollar por necesidad el sentido común; generalmente, la felicidad va pareja a la estulticia o a unos criterios morales que requieren hábito y paciencia para florecer.

Con Joseph Campbell no tuve suerte desde el principio. Su conocimiento era extenso, pues su dominio de cualquier cultura que haya existido sobre la faz de la Tierra era amplio, pero había perdido el amor por su propia cultura. Es común encontrar personas que al gestionar muchísima información no les aporta sabiduría y por el contrario, son guiados hacia un relativismo moral. Estos seres dotados de tamaño talento tienen una enorme responsabilidad personal porque los que carecemos de dichas cualidades, buscamos en sus enseñanzas unas respuestas que pueden ser falsas. Ellos solo se limitan a aportarnos luz y esperan como Sócrates que seamos capaces de extraer la verdad de sus enseñanzas. Creen que nos liberan con sus lecciones donde la retórica es más griega que racional y por ello más sugerente.

La Europa continental, enajenada por la Ilustración y sus pretendidas victorias, se resiste a reconocer que hemos creado monstruos dogmáticos guiados solo por la Razón. Después de tantas guerras y millones de muertos, la humildad brilla por su ausencia. En ningún campo es tan visible como en la política económica donde el amor a la verdad es nulo. Llevamos 40 años en un rumbo económico equivocado y la fiesta se va a acabar. La pandemia ha demostrado nuestra animadversión a la libertad; de ahí a la pobreza hay solo un paso. En los próximos 25 años Europa va a perder millones de trabajadores productivos que se jubilarán y que pagaban impuestos antes. Los ingresos fiscales disminuirán y los recursos disponibles se reducirán en consecuencia. No es una posibilidad teórica sino un hecho y el crecimiento de la deuda no es la solución. La futura generación no va a poder con todo porque serán menos.