Cabalito

Ignacio Ruiz


Guías oficiales de época

30/12/2020

Hace muchos años, encontrar a un erudito que te explicara el origen del patrimonio, el significado de un monumento, la trascendencia de una tradición era una labor ardua.
La figura del guía oficial de turismo, en las ciudades patrimonio, se convirtió en un verdadero lujo, porque eran los verdaderos responsables de transmitir e interpretar el conjunto histórico – artístico a los visitantes.
Esa imagen transmitida era, y es, una responsabilidad que no se puede dejar en manos inexpertas o inadecuadas. De ahí el conflicto con los titulados en historia o en arte, pues su nivel de formación era tan alto como el de los propios guías. La situación pendía de la delgada línea roja entre lo normativizado y lo alegal.
Lo normativizado con una habilitación como guía oficial a través de la comunidad autónoma con las competencias turísticas transferidas. Con ello, se podía entender un servicio de guiado de calidad para conocer los elementos fundamentales, detalles imprescindibles e interpretar la evolución monumental y patrimonial de una ciudad.
Lo alegal, es decir, paseos tematizados, teatralizados y literarios se viralizaron. Europa y la Directiva Bolkstein tiraron abajo el sentido común, y los recién llegados tiraron los precios por sus servicios hasta el free.
Desde la irrupción de la pandemia, los guías oficiales apenas han podido ejercer su actividad. Pero han dado la cara, no solo por su profesión, sino por el entorno y la actividad socioeconómica que depende del turismo.
Han demostrado que puede haber actividad cultural segura en Toledo, llevando la contraria a la inmovilista Consejería de Cultura, a la incapaz gestión municipal y a la irredenta opinión extendida de que el turismo es negativo para los residentes.
Varios fines de semana han enseñado e interpretado el rico patrimonio conventual de manera gratuita y han dinamizado la venta de dulces a los conventos toledanos. Esta iniciativa apenas ha tenido apoyo institucional, ha corrido por las redes sociales y de boca en boca. El turismo interno, el de toledanos por Toledo, ha echado una mano solidaria a las comunidades conventuales, pero sobre todo, han mostrado que contamos con una plantilla de guías oficiales de época, formados, preparados y muy brillantes. Apoyen a un colectivo que no pide caridad, necesita poder trabajar, porque saben hacerlo de manera segura y muy bien.