Blanca Fernández


Sembrar igualdad para alcanzar el futuro

25/11/2020

En el año 2000 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la resolución que designaba esta jornada como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres invitando a gobiernos, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales a involucrarse y coordinar actividades todos los años en torno a esta fecha para movilizar la conciencia pública.
Ahora que se cumplen exactamente veinte años de aquella resolución, es el momento idóneo para dar un paso adelante y empezar una nueva década redoblando esfuerzos en la lucha contra este profundo problema social que lastra la convivencia de nuestra sociedad y roba el futuro a tantas mujeres, niñas y niños en nuestro país y en el resto del Planeta.
Pero para alcanzar ese futuro libre de violencia y lleno de esperanza que suena a gloria, es necesario seguir trabajando con quienes son ese futuro: las niñas y los niños, nuestras hijas e hijos que lo son todo, porque nada hay que tengamos más hermoso ni de más valor.
Por eso, veinte años después del mandato de la ONU, es necesario seguir insistiendo en la necesidad de diseñar una nueva arquitectura social en la que la educación esté en sus cimientos.
¿Cuántas veces habremos dicho que las niñas y los niños son esponjas que lo absorben todo rápidamente? ¿Cuántas veces nos ha sorprendido su capacidad asombrosa de aprender? Pues bien aprovechemos sus capacidades y nuestra obligación para sembrar la semilla de la igualdad en sus cabezas y en su corazón. Sembremos para que ellas y ellos recojan.
No es fácil. Lo sabemos. Un problema de profundas raíces como el de la violencia de género necesita tiempo, pero cuanto antes nos pongamos, antes seremos capaces de arrancar esas raíces que impiden juntar los dos lados del abismo que es la desigualdad entre hombres y mujeres y que es la base de las violencias machistas.
Desde las escuelas de Castilla-La Mancha hace tiempo que se viene trabajando para que niños y niñas, adolescentes y jóvenes interioricen la igualdad como un valor esencial de la convivencia entre mujeres y hombres. Planes de igualdad, formación del profesorado, acciones de sensibilización, teatro, bibliotecas… todo se nos antoja poco para que comprendan el daño que produce la desigualdad y destierren las conductas violentas de sus vidas.
En esto estamos y seguiremos estando porque somos conscientes de que no tenemos ningún derecho a robarles ese presente y futuro de paz y libertad del que hablaba al empezar este artículo. Y porque esta debe ser nuestra principal ocupación y preocupación en la esperanza de que las generaciones venideras disfruten de un mundo mejor, porque nuestra obligación es sembrar igualdad para que ellas y ellos recojan futuro.