EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


Rapsodia de una esperanza

06/09/2020

Mi generación creció ahogada por una crisis, la del 73. Fue terrible, pero si mirábamos hacia atrás percibíamos algo peor. Nada menos que una guerra civil y otra mundial. Encerradas en nuestra memoria vivían las palabras de nuestros padres. «Hambre hijo mío, hambre, lucharé porque nunca pases hambre». Pero después de la destrucción llegó la vitalidad. En aquella década de los setenta parecía que el mundo daba una última bocanada de calor, no en vano fue el petróleo el combustible de una crisis que hizo lo que hacen todas desde el siglo XVII: clavarse en el corazón de los débiles y rozar la piel de los poderosos. Pero es ley de toda crisis irse para que vuelva la bruma del dinero, y a la vez preparar el camino de la siguiente. A la nuestra del 73 le siguió el fervor consumista de los ochenta, y luego, en el 92, otra amparada en las burbujas inmobiliarias. 
Fue el prólogo de la terrible de 2008, un portazo a la euforia que le entró al mundo con el nuevo milenio. Las crisis son el virus de la economía. Generan desolación y penumbra y la sensación de que el dolor durará para siempre. Pero no es así. Son efímeras, y si uno quiere saber como sobrevivir en este tobogán que lea la Biblia, sobre todo la metáfora de los siete años de vacas gordas y flacas. 
Las crisis se deben esperar siempre, por eso es sagrado tener reservas. En todo caso uno tiene que afrontarlas sabiendo que se pasarán y que vendrán tiempos mejores. Como en la canción del Dúo Dinámico hay que resistir. Y ahora, a pesar de tanto dolor inevitable, seguir exigiendo al Estado que su obligación en momentos como los actuales es no dejar a nadie desprotegido. 
Hoy vivimos la de la COVID, distinta, no es de causa financiera, pero igual porque también se ensaña con los débiles. Los jóvenes, por ejemplo, con un desempleo del 40 por ciento. Los que para su trabajo necesitan acumulación de personas, ahora ociosos, esperando. Es terrible. Pero debemos saber que esta crisis tendrá una remontada mucho más rápida que las otras. Cuando comience a ser domesticado el virus el consumo se disparará de manera vertiginosa, pues hay muchos recursos maniatados esperando. No se debe perder de vista este vaticinio, sobre todo si uno lee las palabras de Cervantes, experto en crisis, quien escribió en El Quijote: «…pronto han de sucedernos bien las cosas, pues ni el bien ni el mal son durables, por ello habiendo durado mucho el mal el bien está cerca». 
Hay que tener esperanza porque la esperanza es lo futuro, y lo futuro es lo que da valor a lo actual.