José María San Román Cutanda

A Vuelapluma

José María San Román Cutanda


Resucitemos el IPIET

03/05/2021

Una de las aportaciones más importantes que muchas Diputaciones provinciales españolas hicieron en la segunda mitad del siglo XX fue el impulso de la cultura en la escala provincial. Buena prueba de ello es la creación, en 1946, del Patronato ‘José María Quadrado’ por parte del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que reunió a algunos de los más prestigiosos institutos de estudios locales de toda España, y que desde 1980 funciona bajo el nombre de Confederación Española de Centros de Estudios Locales (CECEL). Así, encontramos ejemplos como el Instituto de Estudios Manchegos, el Instituto de Estudios Madrileños, la Institución ‘Gran Duque de Alba’ de Ávila o la Institución ‘Fernán González’ de Burgos.

La Diputación Provincial de Toledo, consciente de esta realidad institucional, tomó como acicate final la I Asamblea de Centros Culturales de las Diputaciones Provinciales que se celebró en Zaragoza en 1962 para llevar a término la creación de una entidad cultural que estudiase la cultura y el patrimonio de la provincia. Fue así que en septiembre de 1962, siendo Presidente de la Diputación don Julio San Román Moreno, se creó el Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos (IPIET) con la finalidad de «fomentar, defender, divulgar y acrecentar todo género de valores culturales existentes dentro de la circunscripción provincial o que, en ella surgidos, han tenido o tienen proyección extratoledana», tal y como nos cuenta la revista Provincia número 40. También nos dice esta misma fuente que «asimismo, caerá dentro de la actuación del Instituto solicitar,remunerar y publicar aquellas estudios de carácter técnico que, versandosobre cualquier aspecto del territorio provincial, contribuyan al mayorconocimiento y mejora, tanto de las riquezas naturales del suelo, delaprovechamiento de sus productos, de los complejos industriales en élinstalados o que podrían instalarse, así como también cuanto redunde enbien del elemento humano de la provincia y de las situaciones sociales yeconómicas de los habitantes de la misma». De estos dos aspectos, que sirvieron como base de actividad del Instituto durante sus casi cincuenta años de vida, se concluye que sus fundadores pretendieron darle una posición consultiva en la esfera de decisiones de la Diputación. Dicho de otro modo, buscaron que la cultura aportase un peso específico a la actividad provincial en algunos de sus ámbitos más importantes. No en vano, todos sus miembros han sido personajes de reconocido prestigio en el mundo de la cultura, de cuyas aportaciones se sigue sirviendo a día de hoy nuestra provincia, a pesar de que el Instituto fuese disuelto el día cinco de mayo de 2014.

Fueron muchas las aportaciones culturales que el Instituto hizo a Toledo y su provincia, si bien hay que destacar una idea fundamental, y es que se consiguió gracias a su labor acercar la cultura y el interés por la cultura a los lugares más recónditos de la provincia, democratizándola y haciéndola más accesible a cuantos quisieran acercarse a ella. Y lo que es más. El IPIET consiguió desarrollar la investigación centrada en los municipios en particular, y no solamente como partes de la provincia, fomentando el estudio de la historia local, así como el de otras ramas afines como la etnografía, la antropología, el folclore, la gastronomía o la paremiología. Aunque pueda parecer algo obvio a los ojos de hoy, lo cierto es que este planteamiento no estaba en la forma de actuar de la época de creación del Instituto. Incluso, todavía hoy hay quienes están en el grave error de despreciar y desdeñar la historia local por considerarla una rama menor de la que solo se ocupan los eruditos locales y de cuyo estudio no puede sacarse nada de provecho. El IPIET y su actividad fueron una muestra clara y palmaria de que la historia local es una disciplina dotada de una enorme flexibilidad, muy lejana al prejuicio absurdo de que no puede ser mirada más allá de la condición de rama de estudio residual o destinada a los paisanos más curiosos.

En concreto, del Instituto nos han quedado dos vestigios con nombre y apellidos que demuestran que mis afirmaciones al respecto son ciertas. La primera de ellas es Anales Toledanos, conocida publicación de periodicidad anual que, desde una perspectiva académica y científica, trató a lo largo de sus cuarenta y cinco números materias de investigación de todo tipo, desde agricultura hasta minería, desde arte hasta sociología. La segunda de ellas, quizá la más conocida, son los Temas Toledanos. Esta publicación, de carácter más divulgativo, ayudó en gran medida a dar la palabra a los historiadores e investigadores municipales, así como a dar cabida en el negro sobre blanco a determinados temas que, por no tener quizá extensión suficiente para un libro científico, sí se prestaban a ser publicados como ensayos divulgativos. Se publicaron más de cien Temas Toledanos distintos, cuyos temas abarcaron a un gran número de municipios y cuyos frutos culturales fueron evidentes.

La Diputación de Toledo debe retomar tanto la existencia de este Instituto como las dos publicaciones de las que he hablado. Y debe hacerlo de forma independiente, aunque se sirva de los Consejeros que en su día lo fueron y de otros nuevos más jóvenes con nuevos planteamientos. Existen muchos más medios a día de hoy que cuanto se fundó para poder hablar de cultura sin excesos económicos y con repercusión inmediata. Y, sobre todo, hay mucha gente que está deseando hacer cultura de la de verdad en sus municipios. Es nuestro deber como ciudadanos pedir a las instituciones que no dejen morir la cultura. Por la parte que me toca, y desde este espacio semanal, pido a la Diputación que resucite el Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Y, por supuesto, me ofrezco para ayudar en lo que sea necesario. La cultura provincial lo merece.