El torreón de San Martín

Miguel Ángel Dionisio


Regreso a Guadalupe

29/07/2020

Ha sido mi primer viaje tras el confinamiento. Recorriendo las tierras de La Jara, he vuelto a Guadalupe. Un lugar para mí especial, muy querido. Mi primera fotografía, con apenas pocos meses de vida, me la tomaron allí, ante el monasterio, con mis padres y abuelos. Desde entonces han sido incontables las ocasiones en las que he regresado y siempre me parece un lugar extraordinario. La devoción a la Virgen morena, a lo largo de los siglos, ha ido creando un espacio cargado de arte, de belleza, de historia, de fe. Tras los largos meses de confinamiento por la pandemia, visitar Guadalupe ha sido un soplo de aire fresco para el espíritu, envolviéndome de nuevo en la belleza del que ha sido considerado uno de los pueblos más bonitos de España, la Puebla de Guadalupe, surgida en torno a la humilde ermita edificada en el lugar donde, según la tradición, fue encontrada la imagen de la Virgen, tras la aparición de ésta al pastor Gil Cordero.
Guadalupe ha tenido, desde sus inicios, una estrecha relación con Toledo, como señalé en artículos anteriores, formando parte de la archidiócesis primada. Son muchos los lazos que nos unen, lazos renovados hoy en día a través de la recuperación de los caminos medievales, en los que se fueron edificando hospitales para la atención a los peregrinos así como otras instituciones asistenciales, pues el santuario era uno de los principales lugares de peregrinación del reino de Castilla, y su monasterio, confiado a los jerónimos, uno de los más importantes de la península.
Hoy son muchas las motivaciones para visitar el lugar: desde la devoción a la Virgen hasta la contemplación de los tesoros artísticos que conserva el monasterio, pasando por su rica gastronomía. No hay palabras para describir la belleza de la sacristía, pinacoteca que guarda la magnífica serie de lienzos de Zurbarán, que nos narra la vida de jerónimos insignes. Como extraordinario es también el camarín donde se venera la imagen de la Virgen, auténtica maravilla del barroco, con los nueve grandiosos lienzos que pintó Luca Giordano mostrando diversas escenas de la vida de María. El claustro, con su bello templete gótico mudéjar, es uno de los más impresionantes de su estilo en España, con los arcos de herradura de inspiración almohade. Las colecciones de bordados y libros corales son realmente excepcionales.
Después de saciar el espíritu, podemos robustecer el cuerpo con la rica gastronomía local, como las sopas de tomate o la contundente caldereta, que conviene digerir con un paseo por sus callejuelas con soportales de madera bajando hasta la fuente de los Tres Chorros.
El próximo domingo se abrirá la Puerta Santa y dará comienzo el Año Santo Guadalupense. Una buena oportunidad, tanto para creyentes como no creyentes, de acercarse, por los viejos caminos medievales o por las modernas carreteras y autovías, a un lugar que no defrauda ni al visitante ni al peregrino



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