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Fernando Lussón

COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El regreso y la partida

21/05/2022

Lo mejor que se puede decir del regreso del exilio de Juan Carlos I es que ha vuelto. Porque lo peor es todo lo demás: la forma en la que se ha organizado, la sorpresa de que se vaya a participar en una regata en Sanxenxo antes de visitar a su hijo que es el Jefe del Estado, que ponga a debatir a la sociedad española si son mayores sus méritos pasados que sus deméritos presentes, que haya puesto a la Corona que representó un día en una situación delicada, y que haya un debate intenso sobre si debe dar explicaciones y pedir nuevamente disculpas a un pueblo que en su día se declaró más que monárquico, "juancarlista".  

Puede que lo mejor que se pueda decir del regreso del rey emérito es que vuelva a marcharse a donde ha decidido fijar su residencia oficial, Abu Dabi, y que vuelva cuantas veces quiera porque la próxima vez la expectación habrá bajado muchos grados, porque es de esperar que el próximo lunes, en su encuentro con Felipe VI, Juan Carlos I no solo aclaren su relación personal desde el punto de vista humano, sino que se sienten las bases de una relación en la que las decisiones del rey emérito no supongan más problemas para el rey, el último de los cuáles ha sido precisamente la forma en la que se ha organizado su regreso.  

El rey emérito habrá recibido un baño de masas –limitado- en Sanxenxo, habrá podido rememorar otros momentos en los que era aclamado por la gente. Pero más allá de esas muestras de cariño en muchos ciudadanos se ha instalado la sensación de haber sido traicionados, porque quien reclamaba honestidad en la vida cotidiana y afirmaba que la justicia era igual para todos, se ha llenado los bolsillos con comisiones cobradas en dictaduras y ha logrado salir indemne ante la justicia porque cometió presuntos delitos cuando era inviolable, otros han prescrito y algunas instituciones del Estado –dirigidas por socialistas- han jugado al límite de la ley para no perjudicarle. Incluso han hecho de cortafuegos para que el incendio no alcanzara cotas mayores. 

El mero hecho de que haya decidido regresar a España para participar en unas regatas demuestra hasta qué punto el rey emérito se encuentra fuera de la realidad. Su pretensión de pernoctar en La Zarzuela que fue su casa cuando desempeñó la más alta magistratura del país es otra distorsión de cómo percibe su situación actual, cuando el que fue su domicilio es la sede de la Jefatura del Estado.  

El Gobierno, que lógicamente ha tenido que ver tanto en la salida de España de Juan Carlos I como en su regreso insiste en que el rey emérito debe dar explicaciones y pedir disculpas a los españoles. Sería la forma de volver a poner su legado histórico, que es difícil de discutir salvo por quienes quieren hacer tabula rasa de los pactos de 78, por encima de sus comportamientos inapropiados, o al menos para demostrar que aún es capaz de tener comportamientos éticos.    

Juan Carlos I en su regreso a España se ha convertido en un nuevo motivo de discordia, y mientras unos tratan de apropiarse todo su legado y enaltecen su persona, otros lamentan su daño a la Corona y otro más le alaban como el principal enemigo de la monarquía con la que quieren acabar.  El rey emérito ha vuelto. Juan Carlos I se volverá a marchar. Está por ver si engrandece su persona o le puede la soberbia.