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Enrique Sánchez Lubián

En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Uno de octubre de 1931

30/09/2021

Mañana se cumplen noventa años de la aprobación por las Cortes Constituyentes de la II República del voto femenino, larga reivindicación de las sufragistas españolas que en su último tramo tuvo en Clara Campoamor una defensora excepcional. La votación para reconocerlo fue de 161 votos a favor por 121 en contra, entre estos los del propio Partido Radical del que ella formaba parte. Tras ese resultado, en el hemiciclo se gritó ¡Viva la República de las mujeres!, exclamación que el tiempo demostró no ser baladí, porque en aquellos apasionantes años los avances en igualdad fueron notables: posibilidad de que las mujeres formasen parte de los Jurados en los tribunales de Justicia, obligatoriedad del seguro de maternidad y prohibición del despido por causas de la misma, supresión de los institutos femeninos de Segunda Enseñanza que pasaron a ser mixtos, investigación de la paternidad o derecho al divorcio.
Poco antes de que el golpe de Estado fascista echase por tierra semejantes logros, Campoamor escribió ‘El voto femenino y yo: mi pecado mortal’, libro esencial para conocer mejor su gran aportación a la democracia. Relata los entresijos de la tramitación de este anhelo, las trabas que sus compañeros radicales y de otras formaciones republicanas pusieron para impedir que alcanzase a la meta y también su alejamiento del partido con el que en 1931 había llegado al Congreso. Su lectura, además, desmiente esa falsedad recurrente de que los socialistas se opusieron al voto a la mujer. De los diputados que lo aprobaron, más de la mitad, ochenta y cuatro eran del PSOE. Cierto es que Indalecio Prieto consideraba prematuro reconocer este derecho, pero no lo es menos que el grupo socialista decidió que aquellos de sus diputados que no estuviesen de acuerdo se ausentaran del hemiciclo para no sumarse a los ‘noes’ o no lo votasen. Solo veintiséis lo hicieron.
En el primer aniversario del 14 de abril, Campoamor escribió que de todas las conquistas de la República, ninguna era más prometedora que la redención política y jurídica de la mujer. «La vida nacional –añadía- no será ya solo cosa de hombres; el sentido de la responsabilidad mutua dignificará las relaciones y elevará el tono moral de la sociedad». Hay fechas en nuestra historia que jamás deben ser olvidadas, el uno de octubre de 1931 es una de ellas.