Barrio de Santo Tomé

Juan Ignacio de Mesa


Falta de cobertura

He estado unos días viajando sin disponer de cobertura la mayor parte del tiempo. Ni correos electrónicos, ni WhatsApp, ni Facebook, ni Twitter. ¡Y he sobrevivido! Lo que de malo tiene perder conexión con el mundo a través de las redes, lo ganas hablando con los amigos que te rodean. Cierto es que las limitaciones de conexión venían, fundamentalmente, por estar en un país que no pertenece a la Unión Europea y el miedo a la factura del teléfono si descargabas datos, hacia que esperaras hasta lograr conexión por Wifi, lo que no ha sido fácil. Pero insisto, ha merecido la pena la experiencia. Te das cuenta de la cantidad de información que solo te produce rechazo. Las bobadas del Proces, las declaraciones de unos y otros, se han quedado atrás durante estos días. La lectura, la conversación, las visitas a sitios nuevos y otros que ya se quedaban arrinconados en el recuerdo y que te dan una nueva imagen de lo ya visto. La experiencia ha sido francamente interesante. Creo que merece la pena repetir el experimento, cual si de Cuaresma se tratase, mantener un ayuno de smartphone a lo menos una semanita al año no viene nada mal. Recuperar formas antiguas de comunicación es un entrenamiento necesario para poderse enfrentar a una posible situación de falta de servicio. Ahora que nos enfrentamos a la revolución del 5G y que el control de los Big Data dará el poder a quién disponga de ello, bueno es prepararse para un apagón general. Así que entrenémonos para vivir en el mundo de la revolución digital, pero practiquemos el ayuno absoluto de recursos digitales para poder sobrevivir sin ellos. Merece la pena. Si leen esta columna el lunes 22 de julio, es que he podido conectarme a Wifi y remitirla al periódico con antelación suficiente a su publicación, y si no llega, tampoco se perderán mucho, aunque háganme caso, dejen el teléfono en casa unos días y salgan de viaje sin el, verán que es toda una experiencia.