Querencias

Miguel Ángel Sánchez


773/2014

20/11/2020

Hoy termina el plazo para presentar alegaciones a la modificación del Real Decreto 773/2014, de 12 de septiembre, por el que se aprueban diversas normas reguladoras del trasvase por el acueducto Tajo-Segura. Este apéndice legislativo constituye, en definitiva, la plasmación legislativa última del famoso Memorándum de entendimiento, firmado en el año 2013, cuando los dominios del Partido Popular se extendían desde la Moncloa hasta las Comunidades de Madrid, Extremadura, Valencia, Murcia y, por supuesto, Castilla-La Mancha, con Cospedal ya postulándose a mejores plazas en Madrid, y usando al Tajo y al trasvase Tajo-Segura como moneda de cambio. Las autopistas del futuro eran amplias, acogedoras y tal. Ya se sabe.
El memorándum ha envejecido tan mal como hubiera supuesto cualquiera que supiera algo de agua e hidrología, y hubiera tenido a mano una calculadora. O un lápiz. Ha durado poco más de un lustro. No era y es más que una componenda política, blanqueada por la Confederación Hidrográfica del Tajo, y justificada hasta el límite por la propia Dirección General del Agua del Ministerio, donde su Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX), da por bueno una y otra vez el agotamiento temerario de los embalses de gestión hiperanual de la cabecera del Tajo. Tanto es así, tan grande es la chapuza, que el actual Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico no ha tenido otra que por vía de urgencia proceder a modificarlo, rebajando sustancialmente los volúmenes que se trasvasarán a partir de su entrada en vigor. No es suficiente, ni mucho menos (y deberá revisarse a la baja de nuevo cuando entre en vigor el Plan de cuenca del Tajo en 2022), pero al menos evitará a la ministra la componenda política de tener que estar cada mes decidiendo el trasvase. Porque el Tajo, la cabecera, los caudales ecológicos siguen sin importar nada, a tenor del análisis del Esquema provisional de Temas Importantes del nuevo Plan de cuenca del Tajo.
Pero no deja de ser una triste satisfacción el fracaso estrepitoso de una forma de hacer política hidrológica. O mejor, de hacer de la hidrología política, repetidamente usada contra el Tajo en las cuatro últimas décadas. En este sentido es una buena noticia la puesta en escena de la Mesa del Agua de Castilla-La Mancha. La Mesa demuestra la madurez de una sociedad cansada de que nos lluevan hostias de Madrid y de cada Comunidad que hace suya el agua que debería pasar por los ríos de ésta. Amplitud de miras, vista larga y el convencimiento de que lo mejor –lo de cada uno– no es lo bueno para todos. Y que no podemos seguir aplicando recetas y soluciones del pasado, porque volveremos a estar condenados al fracaso.
El trasvase Tajo-Segura se acaba. El memorándum fue su canto del cisne. La gestión del Tajo seguida hasta ahora para justificar a toda costa el trasvase Tajo-Segura, ha sido tan aberrante como vergonzosa para la hidrología española. A partir de ahora, si no cambia, será hilarante y esperpéntica. Teresa Ribera, y Hugo Morán, ministra y secretario de Estado lo tienen en sus manos, todo ello dentro de un marco de reducción de recursos y cambio climático. O pasar a la historia como quienes pusieron orden o como otros meros comparsas que perpetuaron la chapuza.