Tente Nublao

Ángel Monterrubio


La virgen de las Atalayas

En El Correo: Periódico Literario y Mercantil, que aparecía en Madrid los lunes miércoles y viernes de cada semana desde principios del siglo XIX y que tenía mucho éxito en provincias, leo, en un número de diciembre de 1831, una sección de «variedades» en la que van saliendo unos «apuntes curiosos de Madrid sacados de varios manuscritos». Al que se refiere, en concreto en ese ejemplar, es del año 1406 y se hallaba en la sacristía del convento de Santa Bárbara de mercedarios descalzos de Madrid y hacía referencia al origen de la imagen de una virgen, con la advocación de Nuestra Señora del Templo, que estaba en el coro de ese mismo monasterio. Resumiendo, el texto viene a decir que en tiempos del reinado de Enrique III de Castilla, «el Doliente», padre de Juan II de Castilla, Albar Núñez de Cuenca, criado de la Casa Real, «yendo a fazer cata de unas atalayas, que ya hacen la mira de Talavera en lo alto de un monte, do fue un monasterio de los caballeros religiosos de la orden del Templo, que fue destruido», encontró en una fosa debajo de unas losas una pequeña escultura de una virgen con su niño.  Casi con toda seguridad se está refiriendo al monte de la cumbre de la Sierra de San Vicente donde aún se pueden apreciar los restos del castillo árabe. Albar Núñez de Cuenca se la entregó al rey que la tuvo con él hasta su muerte. En ese momento la recupera Fernán Núñez de Cuenca, Capellán y Cronista Real e hijo de Albar, que la «tiene en devoción de fazer dos fiestas cada año». Los descendientes de los Núñez de Cuenca debieron donar la imagen al convento de Santa Bárbara de Madrid que fue fundado en el año 1606 por los mercedarios descalzos. Los franceses destruyen la iglesia durante la invasión napoleónica pero la escultura de la Virgen del Templo se salva de la quema ya que el cronista dice que sigue en el coro en 1831. La iglesia se reconstruye terminada la Guerra de Independencia y tras la desamortización el convento se convierte en 1839 en una fundición de hierro y en 1861 es derribado totalmente para hacer edificios, de la antiquísima «virgen de las Atalayas» solo queda esa pista en El Correo.