DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


El poder del buey

A Pedro Sánchez le hacen falta varios bueyes de la ganadería de El Uno. Se crían en una finca de Almoguera, a orillas del río Tajo y son más famosos que el propio presidente. Estos mansos le arroparían mejor que ningún otro socio de Gobierno, le llevarían veloces a La Moncloa y le garantizarían lealtad durante toda la legislatura, algo que a estas alturas de la negociación no le proporciona absolutamente nadie. Estos animales de más de 700 kilos tienen más sentido de la responsabilidad que muchos de nuestros políticos.
Los cabestros de El Uno están haciendo su trabajo a la perfección estos Sanfermines. Ahí está la RAE para ratificarlo. «Buey manso que sirve de guía a las reses bravas, principalmente en un encierro». Y ahí están los rebautizados Ronaldo y Messi, los dos bueyes más conocidos de El Uno, que junto a Chino, Sevillano y el resto de la parada se lo han tomado al pie de la letra. Hasta el jueves, cinco encierros y los cinco con el mismo proceder de la carrera: mansos liderando la manada prácticamente de principio a fin del recorrido, con un ritmo veloz y arropando a los toros en todo momento, lo que dificulta todavía más que los mozos puedan correr delante de las astas.
En esto de los encierros de San Fermín, como todavía se emiten en abierto y los puede ver todo el mundo gratis, pasa un poco como con el fútbol. Todo aficionado al balón lleva dentro un entrenador de fútbol y todo espectador que cada mañana se pone frente al televisor para ver el encierro se siente corredor, aunque sería incapaz de ponerse delante de un toro, mucho menos en Pamplona. Como en todo, conviene preguntar y hablar con los que saben para alcanzar una idea de lo que está ocurriendo.
Con el ganadero de El Uno, José María López, estuve en la finca en las vísperas del chupinazo. Fue matador de toros y conoce los entresijos de la Fiesta a la perfección. Sabe del sufrimiento de los profesionales que se juegan la vida en el ruedo, vive en sus carnes los desvelos de los románticos ganaderos que crían toros en el campo y tiene también la visión de los empresarios. Y es en esta última pata de la mesa en la que hay que contextualizar todo. La Casa de Misericordia, organizadora de la Feria del Toro, y los Chopera contratan a El Uno para que los bueyes conduzcan a los toros a la plaza con seguridad. El último fin es la corrida de la tarde. Aunque sea una obviedad, conviene no olvidarlo. De ahí que las críticas al ganadero no tengan ningún sentido. Le contratan para un objetivo que cumple a rajatabla.
A esta perspectiva hay que añadir la de los corredores, que cada mañana se ponen delante -o lo intentan- jugándose la vida de manera voluntaria. Buscan emoción y riesgo, dos elementos que con el formato actual se reducen considerablemente. Ni a los toros ni a los cabestros se les pueden guiar con un mando a distancia, pero sí hay situaciones que se pueden controlar, como se está viendo. Si a eso le añades el antideslizante que se lleva aplicando durante los últimos años al suelo y el entrenamiento previo de los toros bravos que salen de los corrales de Santo Domingo se puede apreciar una evolución del encierro de Pamplona que irrita a los corredores.
Si los que organizan la Feria del Toro de Pamplona no están cuidando la emoción del encierro, no es menos cierto que la división que está generando la estelar actuación de los bueyes hace que los antitaurinos se estén frotando las manos. Una vez más, se puede comprobar que el enemigo de la Fiesta no está fuera.