Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Ocho meses para diez segundos…

12/01/2020

Voy a acabar creyendo eso de que España es un país increíblemente grande. No me refiero a la extensión superficial, que tampoco es pequeño, sino en estructura, en alma, en organización. La razón es obvia: si no fuera así, con los ‘pilotos’ que han manejado esta ‘nave’, habría caído en picado y no habría quedado de ella ni las costuras. Sin embargo, por mucho ruido que metan algunos, llevamos más de quinientos años siendo un país unido.
Los «ocho meses para diez segundos» es la famosa frase de ese estadista, ególatra ambicioso y presumido que es nuestro ya por fin presidente del Gobierno. Se refería a que había tenido que trabajar ocho meses para un acto, el de toma de posesión, que dura diez segundos. La frase lo describe a las mil maravillas, si es que fuera necesario algún dato más para conocerlo. Según parece, se le hizo corto. Quizá debería haber organizado quince días de fastos y pitanza… Por lo que dijo, para él lo importante de la toma de posesión es el acto en sí, no la posibilidad de iniciar un mandato para trabajar por los españoles. En definitiva, lo importante es su gloria, no el servicio a España.
Pese a personajes como este y otros que no le van a la zaga y a que no es de esperar ningún período glorioso –mal camino no lleva  a parte buena- seguramente la experiencia que vamos a vivir nos haga conjuntar a las fuerzas sensatas de España, que quiero pensar  que son la mayoría, y, pasados los malos tragos que a buen seguro vendrán, se reconducirá la situación a parámetros lógicos, justos, funcionales y asumibles por una gran mayoría.
La primera cuestión a plantearse, porque de ahí han nacido los males que nos aquejan, es el sistema electoral. El sistema d’Hont que se implantó en España daría buenos resultados si la circunscripción electoral no fuera la provincia, pero siendo cincuenta circunscripciones electorales, vemos que la división provincial ha dejado sin efecto las virtudes de este sistema y ha favorecido el surgimiento de pequeñas formaciones a nivel nacional, pero muy concentradas en provincias concretas que hacen que cada vez que hay elecciones generales el número de fuerzas políticas sea mayor, hasta el punto de que un puñado de electores concentrado en una provincia puede  inclinar la balanza de la gobernabilidad de España.  
Por otra parte, este sistema de circunscripción provincial, al favorecer la existencia de tan elevado número de formaciones políticas, ejerce una función centrífuga que tiende a disgregar el territorio. Es decir, quienes deberían pensar en el conjunto de España desde el Parlamento español, se dedican a defender los supuestos intereses del terruño que los eligió y de esta manera, a base de cesiones para conseguir los votos necesarios para formar un gobierno, se van creando verdaderos ‘reinos de taifas’ que acaban por hacer ingobernable la nación.
Dicen que los grandes países no necesitan grandes hombres, a las pruebas me remito, sin embargo, cuando la necesidad surge, emerge también al unísono la voluntad de superación de las dificultades y, como el gato escaldado del agua fría huye, quién vive las consecuencias de las vanidades vividas termina por aprender, quizá no a la primera como hacen los burros, pero sea en la convocatoria de septiembre o incluso repitiendo curso, tal vez aprendamos.