Macondo

María Ángeles Santos


En ‘vox’ baja

Por supuesto que soy partidaria de la libertad de expresión. Faltaría más. Y defiendo de la primera a la última letra esa máxima atribuida a Voltaire, ‘Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo’, y que en realidad, y aquí viene que ni pintada la historia, fue escrita por una mujer, la escritora británica Evelyn Beatrice Hall.
Protesto y protestaré contra cualquier recorte al derecho de escribir, hablar, opinar libremente, aunque haya cosas que tenga que escuchar con las manos en las orejas, o que leer sin gafas o que soportar con la nariz tapada. Que eso va en el aguante de cada cual.
Dicho esto, creo que hay cosas que se deben decir, si es firmemente lo que piensas, en “vox” baja. Nunca en sitios públicos, ni en instituciones y, mucho menos, en las todopoderosas redes sociales.
Me explico. La sarta de salvajadas machistas difundidas por Francisco Serrano, cabeza visible de Vox en Andalucía, diputado autonómico y presidente de la formación de extrema derecha en la comunidad, serán salvajadas siempre, pero no hubieran sonado igual dichas en vox baja, es decir, en una de esas reuniones de amigotes, todos machos alfa, en una montería sólo para elegidos o en cualquier francachela, con o sin caballos, de correligionarios apostando a ver quien la dice más gorda o quien la tiene más larga.
La sentencia sobre La Manada le ha soltado la lengua y la pluma al exjuez, que el pensamiento ya lo tenía bien aireado. Y allá cada cual, pero este país, el mundo moderno, la sociedad civilizada, no es una cacería en finca privada y donde las palabras se las lleva el viento.
No se puede decir impunemente que «se nota que es una sentencia dictada por la turba feminista supremacista», o que «hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer, podría terminar con el impotente en prisión», o que nos encontramos ante una paradoja ‘progre’ según la cual «la relación más segura entre un hombre y una mujer, será únicamente a través de la prostitución», porque sale más barato acostarse con una mujer pagando que gratis… En fin, entiendo que no se pueda callar, que decir estas burradas es lo que le pide el cuerpo; y que no se pueda morder la lengua, porque se envenenaría. No entenderé nunca que personas así ocupen ni el último lugar en las instituciones. Y mucho menos que no se limiten a lanzar su veneno en vox baja.