Política y Humanismo

Fernando Díez Moreno


La libertad (10)

30/05/2020

En la colaboración que publicamos en este diario de La Tribuna de Toledo el pasado 23 de febrero, sobre «el hombre imagen de Dios», decíamos que, para el humanismo cristiano, el significado más seguro de la ‘imagen’ es la dignidad de la persona, y que el contenido más seguro de la dignidad es la libertad. En estos tiempos en que vemos limitadas nuestras libertades, conviene profundizar en ella.
También para el humanismo cristiano, la libertad tiene tres vertientes: la de aceptar o rechazar al Creador; la de hacerse uno mismo con el esfuerzo y sacrificios precisos (libertad interior); y la de colaborar con la sociedad en que se vive para emprender, mejorarla o comprometerse con ella, disfrutando de las libertades públicas (libertad exterior).
Los interrogantes son muchos. ¿Existe en España verdadera libertad? ¿Somos libres los españoles para hacernos como queramos ser? ¿Podemos disfrutar de las libertades públicas para contribuir a hacer una España mejor? Veámoslo.
1. Se goza de más libertad para negar a Dios que para aceptarle. Es asombroso que Dios nos haya creado y, al mismo tiempo, dado la libertad para negarle. Pero en España ser ‘progresista’ consiste, ante todo, en negar el hecho religioso, relegándolo a la más silenciada vida privada. No se puede ocultar que desde la izquierda se persigue a la Iglesia Católica en multitud de circunstancias. Y aquellos que se llenan la boca con la palabra libertad niegan la libertad religiosa y la libertad de enseñanza de la Religión. Nuestra libertad para aceptar a Dios, se encuentra en España en los niveles más bajos, y para rechazarlo, en los más altos.
2. La libertad interior, el llegar a ser lo que uno se propone, no se entiende sin el esfuerzo y el sacrificio necesario para ello. Hay un texto antológico de uno de los grandes humanistas cristianos del Renacimiento, Pico de la Mirandola, en  el que Dios le dice a Adam que le ha hecho superior a los demás seres creados y que «en tu mano está embrutecerte descendiendo a formas inferiores o ensalzarte por tu propia decisión a los niveles superiores de la vida divina». Para la nueva (y vieja) izquierda en España la igualación (que no la igualdad) consiste en abolir todas las diferencias cualquiera que sea la causa. Pero para el humanismo cristiano es la lucha contra las desigualdades injustas o discriminatorias, y especialmente la lucha por la igualdad de oportunidades, lo que debe prevalecer. Dicho de otra manera, a nadie se le puede impedir vivir el riesgo de su propia aventura personal. Cuando se desincentiva el esfuerzo (en la enseñanza) y el sacrificio (renta mínima) se está colocando en los niveles inferiores la libertad interior.
3. La libertad exterior dice razón del ejercicio de las libertades públicas para poder emprender, montar un negocio, participar en el desarrollo económico. En España el peso del sector público con cinco niveles (local, provincial, autonómico, nacional y europeo),  una fiscalidad asfixiante  y una legislación restrictiva y profusa, hacen muy difícil, cuando no desincentivan, nuestras libertades públicas. Cada una de estas libertades públicas tendría que ser objeto de consideración aislada. Por ejemplo, qué decir de la libertad de prensa, de radio y de TV, y el derecho correlativo de los españoles a ser informados verazmente, que reconoce nuestra Constitución.
Así pues, nuestros niveles de libertad, tal como la entiende el humanismo cristiano, son muy bajos en España, pero prepárate, amable lector, esto no ha hecho más que empezar, y piensa si la culpa no la tenemos nosotros por dividir entre tres el voto consevador.