Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


Sánchez será eterno

¡Qué más le da! O sí. Quizá es una estrategia perfectamente organizada con pasos nítidos para cumplir sus propósitos. A él le da igual gobernar con mayoría que en minoría, con legitimidad plena o en funciones. En política, como en casi todo en la vida, cuando se carece de principios, se tienen todas las ventajas. Porque no se repara en medios y además, para este tipo de personas, el fin justifica plenamente los medios, sean cuales fueren.
Pedro Sánchez, o quién le escriba el guión cual tesis mal plagiada, sabe que no puede gobernar con PODEMOS, esos chavistas totalitarios que no harían otra cosa que espantar inversiones y traer miseria, como ocurre en todos los países donde gobiernan gentes de esa ideología. Los podemitas están muy bien para fardar de progres, para atraerse el voto de tantos ilusos como hay que creen todavía que la revolución se hace con escraches, pero no para gobernar en serio.
Pedro es hijo del más puro marketing. Como tal sabe lo que cada grupo social quiere oír, porque, obviamente, para vender un producto hay que conocer a la posible clientela. Además de los estudios de que dispongan al respecto, sus bases de a pie ya le dejaron claro a la puerta de Ferraz el mismo día de las elecciones que «con Rivera no». ¡Pobres ilusos! Debió pensar don Pedro. «Lo que no voy a hacer es engordar al de la coleta», pensó para sus adentros, porque además, un gobierno con tales mimbres duraría un rato.
Con esas bases vociferando no podía decir lo que pensaba y no tenía más remedio que urdir unas negociaciones que ya tenían bien programado que fracasaran, pero claro, fracasarían por culpa de PODEMOS, no por falta de progresía, progresía de la buena, de don Pedro. Pues ya tiene «el fracaso» de las negociaciones y ahora, como creo que siempre pretendió, se le abren dos posibilidades: o bien gobierna con Rivera (no se crean nada de lo que un político diga de otro, porque por mucho que digan, si después se tienen que casar, se casan) y realiza una gestión centrada que le permita una estabilidad política y económica o, si ello realmente no es posible, convocará elecciones en las que, «desarmado y cautivo el ejército podemita, Sánchez ocupará todo el espectro zurdo» de la España no nacionalista y engordada casi hasta la obesidad a costa del pobre Iglesias, que se verá condenado al ostracismo y a hacer de bufón de Sánchez sin ni siquiera rechistar. La derrota lleva a eso.
Está claro que Pedro Sánchez no ha querido formar gobierno en esta primera fase. Si no hubiera sido así habría hecho propuestas concretas de derechas a CIUDADANOS, o izquierdas, a PODEMOS. Sin embargo, a CIUDADANOS, y para disimular, al PP le piden lo que es materialmente imposible, como es su abstención. Porque además era una abstención a cambio de nada. A PODEMOS lo ha estado lidiando de la forma más humillante que existe, obligándolo a renunciar hasta a su líder, que es lo último que puede pedirse a un partido político. Conseguida la renuncia, de rodillas e implorante Iglesias, lo deja tirado, deshonrado y hundido, como a dama de novela decimonónica.
Ahora tiene el campo preparado para ocuparlo, porque los brutos de la derecha seguirán embistiéndose como lo que son… Y Sánchez será eterno…