ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Un hombre de la transición

25/10/2020

En días pasados me enteré del fallecimiento de Amador Domingo. Hacía tiempo que no lo veía por el barrio. Tal vez por la pandemia. O simplemente porque no coincidimos. Aunque lo importante es situar a la persona en su tiempo. Amador fue el prototipo de hombre de la Transición. Y eso en los momentos que corren significa un alto valor cívico y humano. Este escrito, publicado en un diario local, quisiera ser un homenaje nacional a él y a cuantos ciudadanos corrientes, desde posiciones ideológicas de derechas, se comprometieron con la democracia y la superación de antagonismos ancestrales.
El partido, formado por Suárez desde la derecha para facilitar la transición a la democracia, eligió en cada provincia un perfil de gentes como Amador. Gente de clase media, enseñantes, profesionales, pequeños empresarios, funcionarios. Todos con requisitos humanos básicos: formación, capacidad de diálogo, talante democrático, nada dogmáticos y la voluntad expresa de superar una dictadura y establecer una democracia pacífica. Ninguno de ellos había vivido la guerra civil, pero si la posguerra. Qué quienes ahora más recuerden la guerra y sus consecuencias no hayan vivido esos tiempos no de ja de ser un fenómeno a considerar.
En ese proceso coincidí desde la izquierda con Amador Domingo. Con él resultó fácil hablar de los muchos problemas que la Educación y la Formación tenían en la provincia. Si los asuntos planteados tenían solución, él los resolvía, sí eran muy complicados pedía humildemente disculpas con una sonrisa amistosa, que dejaba las puertas abiertas para continuar colaborando. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía buscaba los puntos de encuentro que existen en cualquier debate. Representaba la clase de persona que, en una etapa enrevesada de la Historia de España, contribuyó a que esa historia fuera brillante.
 Cuando desapareció UCD algunos de esos hombres descubrieron que la política no es sólo asunto de diálogo y de pactos. A muchos de ellos la vorágine política que atacó a UCD se los llevaría por delante. No fue un político de relumbrón. Le gustaba, y lo decía, el trabajo. En algún momento comentó, «la prensa para vosotros. Yo quiero seguir siendo como siempre». Gentes como él construyeron la Transición desde sus posiciones ideológicas. No traicionaban a nadie ni a nada. Sabían que su deber cívico consistía en contribuir a crear una España más justa, más razonable y más colaborativa. Sirva este texto de reconocimiento a todos ellos y, un recuerdo sentido, a la sonrisa sencilla de Amador Domingo.