En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Morosos

Catorce mil cien millones de euros es mucho dinero. Esa cantidad cubriría la paga de los pensionistas españoles durante mes y medio. Tal monto es cuanto adeudan a Hacienda los 4.028 contribuyentes recogidos en la lista de grandes morosos recién publicada. Son sociedades, entidades y personas físicas que deben al fisco más de un millón de euros. Entre ellas, además de empresas relacionadas con el sector de la construcción o inmersas en procesos concursales, hay equipos de fútbol, un partido político (IU de la Comunidad de Madrid) y personajes públicos como Sito Pons, Paz Vega, Patricia Conde, Rodrigo Rato, César Vidal, Mario Conde o Lorenzo Sanz.
Hacienda comenzó a difundir este listado en 2015 para destacar su actuación frente a los mayores defraudadores. Inspectores fiscales y el actual equipo ministerial no descartan rebajar hasta 600.000 euros el umbral para ser incluido en la misma, así como añadir a los administradores de las compañías morosas. Esto sería de agradecer, porque no podemos olvidar que estos millones se nos deben a todos los españoles, lastrando tal monto las obligaciones del Estado con nuestro bienestar. Bueno es, por tanto, poner nombre a estos incumplidores y, si es que no la tienen muy dura, la cara colorada.
Aunque la mayoría de estos morosos ya son ángeles caídos, algunos continúan prodigándose en platós y copando portadas de las revistas cuché, haciendo gala de valores profesionales o personales que les han aupado al variopinto club de la fama nacional. Cierto es que, a más de uno, méritos para tener tal consideración no les faltan, pero mientras mantengan semejantes deudas tributarias esas valías estarán empañadas.
Desde hace un tiempo, determinados personajes se han arrogado la facultad de repartir alegremente carnés de buena o mala españolidad. En estos días no he oído a ninguno de ellos aplicar etiqueta alguna a quienes siendo morosos contumaces con la Hacienda pública desprecian con su insolidaridad a cuantos cumplimos nuestras obligaciones tributarias, demostrando un compromiso cívico que para sí quisieran esos deudores, porque el patriotismo, amén de con golpes de pecho o vistosos ornatos rojigualdas, es mejor demostrarlo no escaqueándose en el pago de impuestos y apostando por políticas fiscales distributivas e impositivas progresivas a quienes más tienen.