CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Don Álvaro entre fogones

El tiempo, que es cruel en su caminar, está haciendo historia en la villa serrana de Cañete. Los colores impregnan cada piedra de la muralla, el populismo invade las callejas y a través de la historia todos los que allí se encuentran reviven sus páginas con orgullo. Una nueva edición de la Alvarada Medival hace sonar sus ataveles y ¡ya van veintiuna!
Quién lo iba a decir y quién lo iba a creer –salvo un servidor por eso del orgullo del invento-, pero ni siquiera llegué a pensar que hiciera un recorrido tan imperecedero y vital.
Y algo tendrá cuando esto sucede, porque un evento de tan alta trascendencia y con tanta necesidad de trabajo no subsiste tanto tiempo si no hay algo que lo mantenga. Y eso creo es, la ilusión de sus miembros de comisión, sin olvidar que todos los alcaldes y alcaldesas que por allí tomaron el bastón han apoyado, impulsado y sostenido este maravilloso proyecto que tanto ha dado a Cañete y a la propia provincia de Cuenca. ¡Un brindis por ello!
Por eso, la figura de don Álvaro de Luna, condestable de Juan II, hombre culto por su poesía y sus «Virtuosas mugieres», tenaz, valiente, hábil con la espada, héroe de judíos y caballero ante las damas, sigue volando en espíritu por las escasas almenas que el castillo de Cañete mantiene, y sigue estando inmolado en el declinar de sus casonas e iglesias.
Y qué mejor que oler a fogón. La cocina serrana, esa que bien aderezaba la abuela sale ahora a la luz, en calderos de hierro y pucheros de barro, en alacenas enhiestas de chorizos de orza y haciendo que los estómagos de soldados y capitanes del medievo, sientan el peso de sus mejores manjares trajinados entre la cocina más experta de restauradores de postín.
Nos visita y con la elegancia y postín de quién hace de su cocina ese blog internacional, Susana Pérez, ideóloga de la página Webos Fritos, y con la humildad de una mujer comprometida se encuentra a don Álvaro de Luna en su paseo matutino por las calles enriscadas del Castillo y se entregan a una conversación de recuerdos. Hablan de su madre, María «La Cañeta», hablan de sus gentes, las que compartieron con él, niñez y juventud, se ríen mirando al Postigo y charlan amigablemente de cuál sería el plato culinario más admirado en su tiempo. Nos recrea el personaje en su nostalgia y nos brinda el plato que su abuela María Urazandi, también le preparaba, sin olvidar que entre fogones y alacenas, siempre estuvo el paladar atendido, con exquisitez y con frescura, en platos de barro, con hollines en la cuchara, entre los llares de la lumbre, al compás del caldero de matanza, mientras el pan de hogaza les mantenía con el espíritu abierto hacia la mejor paz estomacal.
Susana y Álvaro juntos en Cañete. Amigablemente unidos en la Alvarada, mientras relinchan los caballos del caballero negro, ambientados entre los dibujos medievales de sus lienzos amurallados, cantando al compás de las mesnades de Conca, sin olvidar los tiempos en los que un Medievo guerrero hizo grande a esta villa serrana y ahora revive con ansia su pasado.
Me siento bien, estupendamente bien, al contemplar como mi amigo Álvaro de Luna ha encontrado compañera de viaje; por eso, reunir a la gente para saludar a la Comendadora Mayor de este año es un placer compartido, tanto, que la propia Susana Pérez nos ha elevado el listón hacia la dimensión de internautas, blogueros, wassaperos y buscadores del encanto tridimensional de las web y los twiter, sin que las máquinas desvirtualicen la humanidad de sus protagonistas.