Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Palabras

21/10/2020

No hace demasiado tiempo para irte de fiesta te adilgabas, una vaca en la capea de la fiesta te podía amorcar, bebíamos de buzas y nos limpiábamos, pachasco, con la manga de la camisa las burriagas y las velas, no nos íbamos de botellón si no de bureo o de rusteo y más de una vez agarrábamos una pítima; si no se estaba demasiado mocinglón eras un escolimado, salíamos escopetaos de la escuela, hacíamos esparavanes cuando algo nos alegraba mucho y el que no los hacía era un sumé,  los que estaban siempre en medio, estorbando, eran unos estafermos, los niños cazábamos gurriratos con las ballestas y hacíamos zalagardas, nos íbamos de vareta cuando había pizopia, algunas mujeres montaban a patarrajón y no a mujeriegas, nos bañábamos a pelete y los rajamantas iban hechos unos adanes y hacían las cosas al remulgo, nos echábamos por encima el ropón cuando venía el serengue de los vericotales de la sierra… y no sigo con el run run para no da más la tabarra…
Hoy en día algunos de estos términos pueden sonar a chino, porque son vocablos prácticamente perdidos, frases, giros que utilizaron nuestros tatarabuelos, nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros y que ahora ya nadie repite, a pesar de que forman parte del acervo cultural de las comarcas y de que enriquecen de forma extraordinaria nuestro léxico. Las palabras también se pierden y «cada palabra que se pierde hace a las personas más indefensas ante la realidad» dice con toda razón el escritor y académico José María Merino.  
La identidad de un territorio no solo tiene que ver con el paisaje, con la historia o con la manera de celebrar una fiesta y prueba de ello es que por la forma de hablar de una persona se puede adivinar su procedencia. Las palabras forman parte de nuestro patrimonio, igual que la arquitectura, que la música, los bailes, los trajes tradicionales…
En la sociedad que llamamos de la comunicación hay una pobreza expresiva tremenda, cualquier abuelo emplea más del doble de palabras que su nieto universitario en la actualidad, parece un camino sin retorno. Se está produciendo una reducción enormemente peligrosa de la capacidad de expresión. Es grave que durante un paseo por el campo un joven no sepa describir las variedades de los árboles y plantas y que no acierte a distinguir un halcón o un vencejo de un ‘pájaro’ en general.