Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


¿Estamos aún a tiempo?

16/10/2020

Lo mismo que los aviones cuando van a despegar, que dicen que hay un punto en que ya no se puede abortar la maniobra, por haber llegado al punto de no retorno, los Estados toman algunas derivas de las que no es fácil que vuelvan sin actuaciones traumáticas. España lleva años viajando hacia la anormalidad. Lleva años en los que hay territorios en los que ni la Constitución ni las leyes se cumplen con normalidad. Un ejemplo simple: ¿qué muchacho puede estudiar en lengua española en Cataluña? Ni siquiera un comerciante puede poner nombre a su establecimiento sin someterse a la dictadura independentista. Podríamos hablar del País Vasco y ya también de Baleares.
El punto de no retorno o de retorno difícil es el nombramiento de una ex ministro como Fiscal General del Estado. Los socialistas habían hecho barrabasadas monumentales con estos nombramientos –ahí está el nombramiento de ‘El Pollo del Pinar’ como Fiscal General- pero nunca se le había ocurrido nombrar para el cargo a una ex ministra.
El cerebro que mueve los hilos del engreído Pedro Sánchez sabe del grado de simpleza que hemos alcanzado los españoles. Fofos moralmente a fuerza de no hacer esfuerzo alguno. Conoce también el complejo de la derecha, que se ve obligada a demostrar cada minuto lo demócrata que es, consintiendo la imposición de una doctrina oficial mucho más cercana a las prácticas marxistas, bolivarianas o castristas que a las liberales que imperan en el mundo occidental. Y, conoce, porque está a la luz, el cainismo de las fuerzas moderadas, distraídas: una en celebrar que ha obtenido un exiguo grupo de diputados que realmente no sirve para nada, pero que aumentan el número de asientos a ocupar en el Congreso. Otra, incapaz de dotarse de un líder con la solidez y el fuste que la situación requiere y empeñada en seguir manteniendo –triste honor- el liderazgo de la oposición. La última, mareada por los bandazos políticos que da, buscando una identidad que no tiene. Y, los tres, incumpliendo flagrantemente su primera obligación, que es la de construir una alternativa de gobierno.
Conocedor de estas realidades, solo es cuestión de aliarse con todo el hampa para asaltar ‘La Bastilla’, haciéndose con el poder absoluto. Obviamente los asaltos actuales no se hacen con armas, sobre todo cuando se tiene en la mano el arma más potente que existe en un Estado, que es el Boletín Oficial del Estado. Desde las ‘almenas’ de esta máquina se puede conquistar todo el poder.
Ya han procedido a amordazar al Jefe del Estado, con los ataques más groseros y despóticos que nadie pudiera imaginar. El Rey ya sabe que su papel es contemplativo hasta que se le exija la colaboración que precisen. No obstante es la Institución más fiable de que disponemos, por muy limitada que esté, como es normal, en un sistema de monarquía parlamentaria.
El único resorte que les falta es el Poder Judicial. Si no se les para los pies antes de que terminen de perpetrar el asalto, van a disponer de una más que holgada mayoría absoluta en ‘el Gobierno de los Jueces’, y cuando esto ocurra, que no tardará, ¿qué podemos esperar de los delegados de Sánchez, Iglesias, Otegui y Puigdemont? La tropelía estará consumada y los españoles veremos cómo nos crece la lana convertidos en rebaño…