EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


El oxímoron de Sánchez

30/04/2020

Tan grave sería que el Gobierno hubiera pasado a la OCDE datos inflados de pruebas PCR y de anticuerpos para presumir de que estamos en el ‘top ten’ mundial, como que hubiera aprovechado un supuesto error de la OCDE para salir fardando de ser de los países que más test ha realizado, obviamente con pleno conocimiento del error al habérsele atribuido algo que en realidad sabe que no ha hecho. Es algo así como si hoy me sacaran en la portada de este periódico anunciando que soy el flamante ganador de un prestigioso concurso literario, y reaccionara yo, orgulloso y sin mostrar sorpresa alguna, divulgando la noticia por las redes y agradeciendo las felicitaciones que me llegaran, a sabiendas de que ni siquiera he participado en el concurso.
Esto se ajusta a la perfección con el concepto de ‘nueva normalidad’ de Pedro Sánchez, una auténtica contradictio in terminis, una argumentación en la que claramente se produce una contradicción, puesto que lo nuevo es lo que no es habitual, lo anormal, y cuando se convierte en normal, en habitual, deja de ser novedoso. Cuando esta contradicción se usa de una forma consciente y voluntaria con la intención de exaltar, señalar o simplemente reflejar de manera literaria o persiguiendo algún resultado retórico, se suele denominar oxímoron.
Estaríamos tranquilos si Sánchez simplemente hubiera acuñado su ‘nueva normalidad’ para adornarse con un oxímoron, si esta tendencia al juego contradictorio con el lenguaje no nos recordara tanto al ‘Ministerio de la Verdad’ de Orwell: «La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza». En las habituales declaraciones de los miembros del gobierno, con cualquier palabra o frase que aparece de repente en un tweet o en una rueda de prensa y que se propaga rápidamente como la pólvora, se constata que la ‘neolengua’ se está instaurando como medio habitual de comunicación política y es un elemento más del discurso institucional para cambiar la narrativa real de cómo suceden los hechos.
Se trata de la persuasión sutil por medio del lenguaje adecuado que suaviza las verdaderas consecuencias de las medidas a tomar para que las aceptemos incondicionalmente. La perversión ‘orweliana’ del lenguaje de ideología, que evita la protesta del destinatario, ilusionado por entrar en una realidad nueva, en un orden nuevo, en una ‘nueva normalidad’.
Encaja todo esto con la cuestión mencionada al principio sobre la estrategia de inflar a conveniencia o aprovechar y dar como cierto un error de la OCDE. En todo caso, «para mentir hay que tener en cuenta lo que el otro es capaz de creer», como señala Giuliana Mazzoni, profesora de psicología y neurociencia en la Universidad británica de Hull, autora de ‘Psicología del testimonio’. Lo que nos explica también que permitamos que pueda ser presidente alguien con un doctorado plagiado.