Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


Paradigma del moderno y sus paradojas

Todos podríamos coincidir en que un paradigma es un patrón que reúne creencias, valores e intereses, mejor o peor sazonado por las condiciones sociales, económicas y políticas, y que al seguirlo, para lograr entender lo que nos rodea, condiciona nuestra percepción del mundo y, por ende, nuestra conducta. No me refiero al moderno propio de la Modernidad, que fue abandonando los mitos para buscar explicaciones con la razón, sino al que hoy, acompañando a su tiempo, se siente actual y moderno. Aunque bien es verdad que sería más acertado referirse al postmoderno, al hombre de nuestro tiempo, que aboga por convivir mientras dirige su empeño en disipar, vencer, anular e incorporar la diferencia. Con aspiraciones de cambio revolucionarias, más bien parece dedicado a señalar los caminos ya trazados para que por allí circulemos sin perdernos.
Ahora no eres nadie si, como mínimo, no te declaras sostenible, solidario, circular, innovador, emprendedor, progresista, medioambientalista, animalista, cooperante, poco apegado a la propiedad y defensor de la economía colaborativa. Todavía eres menos si la función social de tu profesión no incluye esas declaraciones o la responsabilidad social corporativa de tu empresa no está centrada en valores para generar valor. Y eres casi despreciable si la emoción y la compasión, sentimientos que conmueven instintivamente a los humanos, no te parecen suficientes para justificar la falta de reflexión previa de algunas decisiones precipitadas.
Pensando sobre ello, recordaba lo que nos contaba mi profesora García Picazo sobre Habermas. Partiendo de las tesis de Adorno, sostenía que los medios electrónicos, que nos evitan cualquier esfuerzo y nos procuran disfrutar cualquier bien, se van adueñando de los contenidos comunicativos comunes y cotidianos, llegando a crear lenguajes superpuestos que se incorporan en la dimensión discursiva y pretenden presentarnos más real la misma realidad. Esta semi-educación o educación incompleta representa el fetiche de la mercancía, puesto que aun dándoles un uso inapropiado a las palabras, lejos de su significado, se les concede categoría de mito dispuesto para vender. Conformistas y acríticos pero satisfechos porque con ellas nos reconocemos miembros de una comunidad.
Leyendo recalo en un artículo de Morozov donde califica a ciertas tecnológicas de ‘corifeos de la economía colaborativa’. Predican que su uso favorece la conexión directa con quien ofrece, sin intermediarios para conseguir lo que se desea en cada momento, generando mercados colaborativos para una sociedad igualitaria y solidaria, que incluso reportan beneficios medioambientales. Las tecnologías aparentemente autónomas están dirigidas y obedecen a intereses de naturaleza humana y puede que lo que realmente escondan sea un gran intermediario tecnológico que domina el mercado y del que no es fácil zafarse.
Otro en la sección de innovación recoge el esfuerzo innovador en la fabricación de neumáticos dirigido a su digitalización para incorporar sensores que transmitan el estado de presión, desgaste y temperatura a una central. Con ello se facilita la nueva generación de vehículos compartidos porque, aunque desdeñemos o no podamos tener cosas, no estamos dispuesto a dejar de utilizar los bienes en perfecto estado y en cualquier momento.