En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Responsables en el dicho y en lo hecho

17/09/2020

Días atrás me crucé con tres personas que comentaban las últimas medidas de prevención y seguridad sanitaria aplicadas en Toledo ante el incremento de casos por coronavirus. «No nos lo están diciendo -comentaba una de ellas-, pero esto es una dictadura como la de Franco». «Un poco menos rígida, pero una tiranía donde únicamente quieren encerrarnos en casa, con el miedo metido en el cuerpo para que no salgamos a la calle, ni a los bares, ni dejarnos fumar en paz», añadía.
A poco que se tengan dos dedos de frente, comparar la situación actual con oscuros tiempos pasados es un disparate que evidencia, entre otras cosas, el desconocimiento que algunos tienen de nuestra historia reciente. También constata que, cual gota malaya, quienes compran tan delirante lógica para valorar cuanto está ocurriendo van sumando. Esto es preocupante, porque semejantes actitudes abren puertas a la irresponsabilidad social, cuando precisamente urge extremar compromisos personales para evitar contagios y multiplicar las barreras frente a la Covid. Esa es la herramienta más poderosa que hoy tenemos para salir de ésta. Y una mayoría de nosotros, aunque a los telediarios no les interese, así lo hacemos.
Puesto negro sobre blanco, esto es sencillo y fácil de entender, pero, como en otras muchas cosas, del dicho al hecho hay un trecho. Casi todos hallamos necesaria esta petición a la responsabilidad y la refrendamos, pero cuando la misma afecta a aquello que consideramos ‘nuestros’ derechos más personales, bien sean económicos, profesionales, gremiales o de ocio, ya creemos aceptable que las normas se relajen, que se nos permita levantar la mano o que las autoridades no tienen por qué meterse en lo nuestro. Este es uno de los muchos dilemas ante los que esta pandemia nos ha situado. Cuando nos enfrentamos a su resolución, las dudas, la soberbia, la insolidaridad, la incredulidad o pensar que esta amenaza vírica no va con nosotros, afloran en toda su dimensión. Ante semejante confusionismo, se echa en falta una ‘auctoritas’ de voz nítida capaz de ofrecer liderazgo y aunar voluntades en la zozobra, ¿pero quién está dispuesto a aparcar inveterados cuñadismos de barra de bar, renunciar a arañar réditos del pimpampum coronavírico y tender su mano para salir juntos de este inesperado túnel que cada vez se antoja más kilométrico?