CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Partido de Estado

16/10/2020

Pedro Sánchez le ha espetado a Pablo Casado que el PP “ya no es un partido de Estado”. Quien fue a hablar. El presidente que ha formado una coalición con un partido que no respeta la Constitución, el presidente que se ha apropiado del control de las instituciones del Estado, el presidente que ha roto la baraja al pretender manejar también al Consejo General del Poder Judicial, quiere dar lecciones sobre cómo ejercer la política. Inaudito.

Es posible que Pablo Casado se haya equivocado al romper las negociaciones con Moncloa ante la exigencia de que se siente en el CGPJ un representante de Podemos. Es posible porque, mal que le pese al presidente del PP, tiene que asumir que Podemos es el cuarto partido de España y por con derecho a representación institucional. Pero también se comprende que el líder del PP se resista a que en el órgano de gobierno de la Justicia, ocupe lugar un partido que no respeta esa institución ni las resoluciones que le son adversas. La arremetida de Pedro Sánchez contra Casado al decir que el PP no es un partido de Estado se puede aceptar en cualquier español con trayectoria intachable en la defensa del estado de Derecho y las normas esenciales de la democracia, pero no en un dirigente, presidente de Gobierno para mayor pecado, que cuando no le gustan las iniciativas de una institución no duda en promover una ley para cambiar las reglas con las que se designan a sus miembros, y estar así seguro de que queda bajo su control.

Contrasta la actitud de Sánchez con la que ha mantenido Rajoy desde que dejó de ser presidente. Solo ahora ha hecho público un comunicado en el que califica de “gran manipulación” el argumentario con el que Sanchez presentó la moción de censura. No dice Rajoy que Sánchez no sea el presidente legítimo, porque lo es, ganó esa moción, pero ya se dijo en su momento que no era cierta la acusación que lanzó el candidato en el hemiciclo de que la corrupción de Rajoy había sido probada por la Justicia. Los españoles todavía no sabían que a Sánchez no le duelen prendas en mentir cuando le conviene. Tampoco era cierto lo que contaron las terminales mediáticas del socialismo de que Rajoy disfrutaba de una entretenida sobremesa, tan cargado de whisky que no estaba en condiciones de tomar ninguna medida con la que impedir la votación adversa de la moción; o que Soraya había dejado el bolso en el escaño como señal de que ella era la sucesora.

Ahora, un Sánchez que maniobra para impedir que la Justicia mantenga su obligada independencia –primer aviso de Bruselas, por cierto-, le grita a Pablo Casado que el PP “Ya no es un partido de Estado”. ¿Lo es el PSOE que ha configurado a su imagen y semejanza? ¿Lo es Podemos, su socio? ¿Es él mismo un hombre de Estado?