Me la juego

Ana Nodal de Arce


La rebelión de los hosteleros

01/10/2020

Mi adolescencia toledana va inevitablemente ligada a los bares del Miradero, del Casco, a las discotecas Máscara, Garcilaso o Shitons, en las que bailábamos con la alegría propia de quienes creen que no existe un mañana aquellos míticos temas de los ochenta, entre ellos  ‘El calor del amor en un bar’, de Gabinete Caligari, todo un himno. El panorama fue cambiando, qué les voy a contar, hasta convertir al centro de Toledo en un escenario de abanicos, artesanía china y paraguas de colores, hamburgueserías y unos cuantos restaurantes selectos, prohibitivos para los mileuristas, que se conforman con tomar una cervecita cuando, venciendo la pereza, deciden subir al Casco.
La pandemia ha arrasado definitivamente con un modelo de ciudad que, en realidad, se fue dibujando a golpe de desidia hacia los vecinos, de inacción, de desinterés y que ha supuesto una muerte súbita de negocios pequeños e incluso de grandes franquicias. El lunes, los hosteleros clamaban por su dramática situación ante la Delegación del Gobierno en Zocodover. Arremetieron contra la Junta y la Diputación, mientras agradecieron con tibieza el apoyo del Ayuntamiento, aunque, curiosamente, no había ningún socialista mostrándoles su apoyo.
Muchos residentes del Casco, que reciben escaso mimo municipal, han visto siempre a los hosteleros con recelo, como un sector privilegiado ligado al boom turístico, en detrimento de los propios vecinos. De hecho, la sintonía entre la alcaldesa y el colectivo ha sido perfecta y ha quedado plasmada en multitud de imágenes rellenas de sonrisas y acuerdos colaborativos. Ahora es cierto que el sector necesita ayudas, ha sido muy castigado por la maldita pandemia y la falta de imaginación de los que mandan en Toledo le está dejando al borde del abismo. Es el momento de arbitrar mecanismos para que nuestros bares, cervecerías y locales de ocio nocturno echen a andar con paso firme y seguro, tal vez peatonalizando calles y favoreciendo la extensión de las terrazas, como se ha hecho en otras ciudades. O eliminando las tasas hasta que vengan tiempos mejores. La Junta debe dar un impulso decidido al sector y también la Diputación, que en nuestros pueblos no puede faltar ese punto de encuentro, de socialización, que supone el bar, la cafetería o el pub.
Eso sí, los hosteleros también deben poner de su parte. Toledo es la ciudad más cara de la región y ha llegado el momento de bajar precios, de presentar una oferta con menús asequibles, como por ejemplo ocurre en Cuenca, para que los propios vecinos disfruten y vivan su Casco Histórico con más pasión que nunca. Son tiempos difíciles, pero no debemos renunciar a ser felices. Y es que, recuerden, ‘no hay como el calor del amor en un bar’.