BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


La agenda oculta

28/09/2020

Los que pensábamos que con José Luis Rodríguez Zapatero lo habíamos visto todo, no podíamos suponer lo que el destino nos reservaba con nuestro actual presidente Pedro Sánchez. Es evidente que la política ha degenerado hasta límites insospechados y que la palabra de un alto representante del pueblo es a estas alturas papel mojado, pero el bochornoso espectáculo al que este presidente nos somete un día sí y otro también es para pensárselo. Maquiavelo podría haberse inspirado en él, hasta ese punto tiene asumidas, una a una, sus tesis.
Pedir transparencia a los demás cuando uno es opaco incluso con sus más allegados es harto preocupante. Cuando Pedro Sánchez andaba pidiendo el voto al personal, todos pensábamos que era eso lo que nos pedía, pero jamás pudimos sospechar que, bajo la apariencia del voto, era un cheque en blanco lo que nos pedía. Y digo eso porque como tal está actuando. Lo habíamos pillado en algún que otro renuncio, pero pocos podían pensar que el hombre del «no es no» iba a tener la espectacular deriva a la que nos está acostumbrando, con una dialéctica vacua y un ordeno y mando que raya en lo tiránico: véase el férreo control al que ha sometido a los medios estatales de comunicación.
Estamos ante un hombre que se plantea un objetivo y pasa por encima de los cadáveres que tenga que pasar para lograrlo: le da igual prometer que comprar conciencias. Estamos ante un hombre frío y pragmático, dispuesto a llevarse el mundo por delante caiga quien caiga. Hasta ahora todo le ha ido bien, pero ¿a costa de qué? A estas alturas de la vida, a nadie con dos dedos de frente se le oculta que la ética y la decencia es algo que muy rara vez se puede aplicar a los políticos, empezando por los presidentes de las grandes potencias, pero de ahí al juego peligroso al que cada día se somete y nos somete este hombre desde La Moncloa, dista mucho.
El cabreo generalizado con su deriva espectacular no hace más que aumentar desde el momento en que puso su destino en manos de Iglesias, Rufián, el PNV y los abertzales. Ayer mismo lo advertía seriamente un político curtido en mil batallas como es Felipe González, de quien pasa olímpicamente. Doblegarse a las tesis de partidos e individuos que no sólo no creen en la idea de España, sino que incluso la odian con todas sus fuerzas, es tremendamente peligroso y arriesgado por más que estés convencido de tener la omnipotencia del jefe supremo. Por eso probablemente se ha puesto, aparentemente, en sus manos. La agenda oculta que estableció con Esquerra y con Bildu es, tal y como estamos viendo, una auténtica bomba de relojería que puede poner en serio peligro la integridad territorial de España y acabar balkanizándola.
Afirmar el ministro de Justicia en sede parlamentaria, como el que anuncia que va a llover, que el Gobierno está tramitando el indulto de los ‘doce apóstoles’ del independentismo catalán fue como tirar una bomba en un concierto, además de ser muy probablemente una solemne mentira, porque lo que realmente exigen los apóstoles abanderados por Rufián es una amnistía. Pero está claro que, una vez más, Sánchez juega con balas de fogueo, porque lo que en el fondo pretende es mover sus tentáculos para suprimir del Código Penal los delitos de sedición y rebelión, o, en su defecto, minimizarlos al máximo para que hasta Puigdemont pueda volver en loor de multitudes. Aquí  cada vez se nos hace comulgar con ruedas de molino de mayor magnitud, y cuando digo ‘nos’, incluyo, incluso, al rey Felipe VI, que tiene serios motivos para estar preocupado, y ya no sólo  porque hayan torpedeado su presencia en Barcelona, en el solemne acto de entrega de credenciales a los jueces: la obsesión republicana está ahí. Y a todo esto, esta noche nos llega la noticia de que miembros de la Diputación de Sevilla deciden, por unanimidad, subirse el sueldo por el sobreesfuerzo que vienen realizando con la pandemia. Que Dios nos pille confesados. Ya digo, la agenda oculta.