En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


Se hacen bola

01/10/2020

Los datos del último barómetro del CIS son claros: el 72,3% de los ciudadanos considera imprescindible que la lucha contra la Covid-19 sea afrontada de forma conjunta por los gobiernos de España y de las comunidades autónomas. El lamentable espectáculo de cuanto estas últimas semanas está ocurriendo en Madrid avergüenza y va camino de convertirse en un infame escándalo del que no saldrán indemnes los responsables de dirigir esta crisis sanitaria. Duele ver cómo mientras el número de positivos y de víctimas crece, estos desencuentros generan incertidumbre sobre la seguridad colectiva frente al coronavirus. De su mano aumentan la indignación, el desafecto hacia los dirigentes políticos y se extiende entre la sociedad un paulatino sentimiento de hartazgo y desánimo, con el peligro que esto conlleva al dar pábulo a cuantos dicen tener remedios para toda clase de males.
Semejante cansancio no se nutre solo con las preocupantes noticias de la pandemia, sino que la actualidad política, social y económica va trufando un denso e indigesto cóctel que cuesta tragar. Qué si la inhabilitación de Torra, que si la inoportuna llamada de Felipe VI a Lesmes y la indiscreción de éste, que si Garzón, Castells e Iglesias arremeten contra el rey ante la pasividad del presidente Sánchez, que si las últimas grabaciones de Villarejo, que si los indultos a los condenados del “procés”, que si la absolución de Rato y los suyos por el fiasco bursátil de Bankia dejando en evidencia a los organismos supervisores, que si Abascal se postula en el Congreso como salvapatrias, que si lo de Largo Caballero y Prieto en Madrid… Tal y como se ha puesto el patio, ciertos telediarios, tertulias, columnas y editoriales se hacen bola.
Y esa es otra, porque a la hora de hacer autocrítica de cuanto está ocurriendo, los profesionales del periodismo no deberíamos escurrir el bulto. Más que nunca puede constatarse esa tesis tan repetida del catedrático Vicenç Navarro, cuando denuncia que algunos medios y grupos de comunicación se han convertido en “medios de persuasión y propaganda”, donde, más que informar, prima sesgar la verdad para arrullar a sus audiencias con aquello que quieren escuchar o leer, contribuyendo a despojarles de argumentos para una certera comprensión de cuanto ocurre y alentándoles a anteponer las vísceras a la razón.