Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Uncut/Sin cortar

Una hoja de afeitar. Una simple hoja de afeitar para mutilar los sueños de millones de mujeres. Nuestra sexualidad, nuestros deseos, nuestros cuerpos, nuestro placer y la capacidad de dar vida, han sido en muchas culturas del mundo una amenaza para los hombres. Esto ha provocado normas y prácticas sociales para el control y sometimiento de las mujeres que bajo falsos mitos o creencias religiosas se han ido transmitiendo y reproduciendo por el conjunto de la sociedad. El procedimiento que sufre una niña de entre 4 y 10 años puede variar entre que le sea extirpado el clítoris, raspado sus labios menores hasta eliminar parcial o totalmente sus genitales externos, y cerrado el corte cosiéndolo, dejando un pequeño orificio para el flujo menstrual y la orina, que se volverá a abrir con un corte en la noche de bodas.

Una flagrante violación de derechos humanos que condenamos con mucha más facilidad que lo que supone combatirla con éxito y garantía. Ser insultada en la escuela como ‘zorra con clítoris’ por las otras niñas, no encontrar marido o ser repudiada por este y por su familia, recibir los recelos y la estigmatización en tu comunidad; son consecuencias para una niña que escape de la ceremonia ritual que la prepara para ser mujer. Si eres una africana inmigrante en Europa y no sometes a tus hijas a esta tradición, puedes sentirte una traidora a tu país y tu cultura. Una mujer debe cumplir las expectativas de la comunidad y estas pasan por asegurar la virginidad y fidelidad para su futuro marido, y para ellos esto pasa por asegurar la mutilación del deseo sexual. Con todas estas presiones familiares y sociales podemos intentar comprender por qué muchas mujeres prefieren ser mutiladas genitalmente siendo niñas a convertirse en una vergüenza para los demás, repudiadas y asiladas de su comunidad. Es por ello que la erradicación de esta práctica exige dar voz a las propias mujeres afectadas, son ellas las que tienen que contarnos qué sienten, qué opinan y cómo podemos colaborar con ellas. Es una tarea de largo recorrido y cargada de grandes dosis de paciencia. La misma que tienen las mujeres africanas que llevan décadas luchando contra la mutilación genital femenina, en todos los países donde esta práctica sigue siendo clave en el proceso de ‘ser mujer’, con un fuerte arraigo en las comunidades, que garantiza la reproducción y transmisión social y cultural. Los resultados son lentos pero avanzan, algunos países ya han prohibido o criminalizado esta práctica aunque ello no implica necesariamente su desaparición, y lo más efectivo, cada vez más mujeres y hombres están concienciados para ser voces que desde dentro de sus comunidades condenen esta práctica. Es muy importante contar con los hombres como aliados porque ellos serán los maridos y padres del futuro que perpetuarán esta tradición tan arraigada.

A día de hoy la MGF no es solo un problema africano y en muchos países, entre ellos España, se está colaborando con mujeres inmigrantes que viven en nuestra comunidad el conflicto de querer o tener que practicárselo a sus hijas. La complejidad de las sociedades en las que vivimos, se expresa por la difícil convivencia de algunas tradiciones culturales y los derechos humanos. Ellas nos piden ayuda pero una ayuda sincera, alejada del sensacionalismo. Este choque cultural a veces nos hace reaccionar, desde el buenintencionismo, con la superioridad moral que nos arrogamos, el paternalismo y las prisas.