En el Camino

Enrique Sánchez Lubián


De la inteligencia a la inconsistencia

08/04/2021

Cuantos con insistencia dijeron ‘digo’, ahora llevan semanas diciendo ‘diego’. Inés Arrimadas, aquella a quien ciertos comentaristas y tertulianos compararon con la Inmaculada de Murillo, la calificaron como «la mujer más inteligente de la política española» o la única capaz de asaltar el fortín ‘socialcomunista’ de Sánchez e Iglesias, se ha convertido en paradigma de la irresponsabilidad, la inconsistencia y una impía echada en brazos de la Moncloa para, vía Murcia, desestabilizar la política nacional, no sabiéndose por qué, ni para qué. Al igual que Roma, la caverna mediática no paga traidores. Como jamás he escrito elogio alguno sobre ella, ahora no debo tragarme ninguna de mis columnas.
Cuanto le ocurre a Ciudadanos no debería llamarnos la atención. No es la primera vez que en España los intentos por articular un partido que ocupe el espacio entre la derecha y la izquierda naufragan estrepitosamente. Le pasó a Suárez con el CDS, a Miquel Roca con el PRD, a Rosa Díez con UPyD y ahora -‘alea jacta est’- a ellos. Lo paradójico es que más de un tercio de los españoles, según el CIS, se posiciona en ese intermedio ideológico, siendo Arrimadas la líder más valorada después del presidente Sánchez.
Tras su reciente fracaso electoral en Cataluña, neutralizada la moción de censura murciana y vistas las nulas perspectivas que las encuestas le auguran para el 4-M, Arrimadas y su gente deambulan entre el «nos quieren, pero no nos votan» y «al suelo que vienen los nuestros», si consideramos como ‘suyos’ a los Cantó, los Girauta, los Rivera y otros desertores, amén del orfeón mediático que quiso convertir a Ciudadanos en mirlo blanco del ‘establishment’, olvidándose de que en nuestro país, hasta ahora, los partidos confitados en torno a liderazgos tan personalistas han derivado en sonoros blufs y pródiga cantera de saltimbanquis políticos.
Guste más o menos, el devenir partidista conlleva largo aliento. La militancia responsable requiere pautas, disciplina y tempo. En ello, las formaciones que han ido sumando trienios, a las duras y en las maduras, tienen mayor fortaleza ante la evanescencia de otras surgidas en las últimas décadas y conformadas, muchas veces, en aluvión oportunista. Seguro que a esto algunos lo llaman ‘casta’, pero de buenas intenciones, recordad, está empedrado el camino del infierno.