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Miguel Ángel Flores

Amboades

Miguel Ángel Flores


A la treintaneidad

06/09/2021

Llevo un tiempo intentando como muchos ‘cuasi’ cursis digan o dijeran (Pretérito imperfecto de Subjuntivo) poner en negro sobre blanco, estas ideas que yo personalmente, las voy expresando de lugar en lugar, de barra de bar en barra de bar, por supuesto de bares grasientos y antiguos, de esos que, por desgracia para mí, hombre y antiguo que, mucha gente me clasifica como hombre de Cro-Magnon o peor aún, hombre Homo neanderthalensis, es decir de neardental. Así pues, como de esos bares ya quedan muy pocos y como bastantes lectores suponen y muchas más lectoras es donde en verdad me ubican a mí, porque piensan y no con mucho equívoco, que verdaderamente en esos lugares grasientos y pasados son mi ámbito natural. Pues bien, a mis lectores de los treinta años de ambos sexos en igualdad, pero solo a quienes han conseguido ubicarse, colocarse, posicionarse y consolidarse en la cadena ‘trófica’, por supuesto de una manera lícita y honesta, lo han hecho por mérito propio y sin ayudas ni ‘enchufes’, eso es lo que dicen siempre. Porque, como no podría ser de otra manera, todo el mundo que ha llegado en la carrera de la vida, en sus treinta primeros años a consolidarse y establecerse, por supuesto han sido siendo buenas personas, sin pisotear, sin aprovecharse del prójimo y sin poner zancadillas, ciertamente siendo esas personas solidarias y siempre pensando en la igualdad y en el prójimo. Como católico, agradezco al Señor me haya dado la oportunidad de poder compartir con esta generación algún tiempo, por supuesto triste y terrible para mí, dado que cada vez será más triste y terrible, por lo inevitable de seguir vivo hacia una ancianidad larga y horrible en verdad. Dado que la profunda brecha, mejor dicho, falla tectónica con un abismo interminable, entre mi generación del hombre de las cavernas y esta generación de ‘la treintaneidad’, eso sí, llena de salud, fuerza o vigor inacabables y también con virtudes de bondad y ¿solidaridad? con el resto de sus semejantes, pero solo con los semejantes de su generación o de las menores, porque se piensan que son jóvenes en una eterna juventud sin final. Pues enhorabuena por los tiempos de ‘la treintaneidad’ eterna, pero solo, a quienes han conseguido este éxito fugaz, porque por desgracia, cada vez mayor es la cantidad de fracaso en esta nueva generación, de frustración, de perversión y por tanto de alto riesgo, que a los más mayores de la sociedad no nos vendrá nada bien, sino todo lo contrario y…