EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Echando cuentas

26/04/2020

Podría escribir sobre la primavera que está rondando en solitario por ahí fuera, puesto que los poetas escribimos de las cosas ausentes y, en este caso, del paraíso perdido, ya que los parques están cerrados y el aroma de las rosas está sofocado por el de la lejía doméstica.
Pero me siento obligado a tratar el tema del día que sigue siendo el Covid-19, tanto porque cualquier otro asunto iba a caer fuera de la atención del lector, como por el deber de conciencia de ofrecer un punto de vista distinto a la publicidad institucional que difunde lo conveniente por encima de lo verdadero. Y lo están haciendo con la ayuda de un estado de alarma que de control sanitario ha derivado a social. Su mensaje es la emoción dolorida que desactive la indignación, la idea de que esta emergencia era imprevisible y la consigna de que no es hora de criticar sino de ayudar, como si fueran deberes incompatibles.
El Gobierno ha dado millones de euros a los medios de comunicación para mantenerlos en un aplauso continuo, ha convertido a un epidemiólogo en portavoz de conveniencia, ha falseado cifras de los muertos y los contagiados y ha controlado WhatsApp para limitar el envío de mensajes y ha montado una campaña contra los «bulos» que son los mensajes que Moncloa considera falsedades, pero gracias a los cuales nos enteramos de lo que ellos ocultan: sean ahora los comisionistas de mascarillas, como fueron los vuelos del Falcon, el romance de Delcy con Abalos, o la heroica misión de los Geos en Paraguay. Han llegado al extremo de utilizar a la Guardia Civil como mordaza para «minimizar ese clima contrario a la gestión de la crisis por parte del Gobierno».
El análisis correcto ha de estar fundamentado en datos y no en emociones ni prejuicios ni partidismos. Veremos que desgraciadamente la resultante es que algo se está haciendo mal. Y detrás de cada error hay un muerto.
El pueblo español se ha mostrado solidario, cooperador y hasta heroico en sus empleados públicos, pero el Gobierno los ha enviado a luchar sin protegerles, al extremo de tener la cifra escandalosa de 34.000 sanitarios contagiados. Es un dato.
Se calcula que en España han muerto por el virus al menos 500 personas por cada millón de habitantes, que es la cifra más alta del mundo. Es otro dato.
La sanidad española es de alto nivel (según el Ranking de Bloomberg en 1918 es la más eficiente de Europa y según The Lancet la 19º/195 del mundo). Es el tercer dato
Los números no se discuten, pero se interpretan y la concurrencia de esos tres datos demuestra que el fallo es evidente y no es posible atribuirlo ni a la población ni a la sanidad pública sino a la negligencia e incompetencia del Gobierno. Recordemos que desoyeron los requerimientos de la OMS y UE para acopiar previamente material clínico y para evitar las concentraciones humanas, la carencia de test, los timos del material sanitario y la desorganización que lleva a improvisar, como hoy, las normas sobre los niños y la cuarentena.
Creo que todavía hay tajo abierto y, por mi parte, éste es solamente un punto y seguido.