Tente Nublao

Ángel Monterrubio


Edad dorada

16/09/2020

Talavera a finales de los años 20 y comienzos de los años 30 era un pueblo-ciudad, más pueblo que ciudad, de apenas 14.000 habitantes (Toledo contaba justamente con el doble de almas) que vivía del comercio en torno a sus mercados y ferias de ganados, de la agricultura, de la floreciente industria de la cerámica que Juan Ruiz de Luna había impulsado tan magníficamente y de otras pequeñas industrias que surgen vinculadas, fundamentalmente, a la transformación agroalimentaria, la automoción, la madera y la construcción que lideran con mucho éxito un grupo de emprendedores de la talla de Félix Moro, José Mingoranz, los socios González y Morales y Julio García-Moya, por nombrar a algunos. Aún faltaba un largo cuarto de siglo para que llegara la gran explosión demográfica, urbanística y económica de la ciudad, pero esos años son esenciales porque Talavera en el plano de los negocios dio un cambio radical movido por la personalidad, visión y trabajo de esos hombres.
De igual manera, en esos años, la cultura en Talavera vive un momento de efervescencia: poetas y escritores como Ernesto López-Parra, Julio Fernández Sanguino, Leonardo Gerardo Torres, Carlos Ballester, Pedro Jiménez de Castro, José María Portalés, el escultor Víctor González Gil, pintores como Enrique Ginestal y el gran pintor y dibujante de viñetas Miguel Gómez Díaz-por desgracia tan olvidado- y músicos como el maestro Emilio Cebrián o Eusebio Rubalcaba, por citar algunos nombres, a los que se añadirían en años posteriores unos jovencísimos Emilio Niveiro, Rafael Morales y Ernesto Díaz Parra, daban vida a la ciudad.
La guerra truncó, como tantas otras cosas, aquel momento apasionante, y todavía poco estudiado, de creatividad artística y empresarial. Si nos ceñimos al plano cultural la ciudad comienza a atravesar un ‘desierto’ que abarca desde los inicios de los años cuarenta a mediados de los setenta, en los que existe una gran isla: la Agrupación Artístico-Literaria ‘La Pirámide de Cartón’, bonito proyecto cultural global al que dieron vida con tanta ilusión Quique Ginestal (hijo), Juan Antonio Castro, Rafael Morales, los hermanos Niveiro y Federico Virtudes que se desmorona porque casi todos los componentes de esa generación con ciertas inquietudes iniciaron una legítima diáspora en busca de nuevos y más amplios horizontes en otros sitios de España, fundamentalmente en la capital y culturalmente hablando la ciudad se queda huérfana, con pocos y aislados ejemplos cercanos en los que tomar referencias y consejo.