Amboades

Miguel Ángel Flores


Vino en parábolas

Las lecturas litúrgicas que se leen en el mes de septiembre en la iglesia católica, son sugerentes a temas muy relacionados con la viña o el vino; siendo que, en el Evangelio de esta época del año, se hace referencia como digo, a temas muy cercanos al vino, usando parábolas que son como cuentecitos muy cortos y resumidos de situaciones concretas, para que sirvan como ejemplo y de ejemplo a las personas. Primero a las más cercanas que Jesús tenía a su alrededor y después a lo largo de la historia de la iglesia, para los demás cristianos católicos, de siglos posteriores. Para ordenar un poco las cosas, haciendo ese paralelo entre la vida real y el evangelio, este tiempo de septiembre y el mes de octubre, eran hasta hace muy poco tiempo los meses cruciales para luego obtener el buen vino, que después se consumía a lo largo del año. Pero como sabemos, este tipo de vinos por lo recio de su sabor fue cayendo su consumo, y ya no son como eran entonces, por ir pasando los gustos de los consumidores hacia otros productos. Todo esto, porque se han seguido ancestrales métodos inamovibles, a lo largo de la historia, como se puede ver con los evangelios de este mes; que ya Jesús hace dos mil años habla de modos de recogida, de cuidado de la viña, y hasta de almacenaje, mediante la parábola en la cual cita: «(…) Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y uno y lo otro se conservaran. Y ninguno que beba del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor».  Los odres hasta hace muy pocos tiempos, eran muy válidos para el almacenaje y para el transporte, no se debe olvidar que ya en el libro de Don Quijote de La Mancha, en la escena de la venta, el Hidalgo Caballero espada en ristre se lía a ‘sablazos’ contra los pellejos (odres) derramando su ‘sangre’ por los suelos, destrozando el vino ante el estupor del ventero, hecho escrito unos mil quinientos años después de los evangelios.