Entre Encinas

Pilar Gil Adrados


La globalización y la tortilla de patatas

Para los que debemos quedarnos en casa, la vida cotidiana ha reducido la velocidad a la que nos tenía acostumbrados. Ahora la prisa no tiene mucho sentido y han perdido valor por el momento algunos objetivos que hasta ayer eran inaplazables.
Más aún, si la confinación debes hacerla en una de las, todavía demasiadas, zonas de la geografía española donde la conexión a Internet no es lo eficiente que se requiere para trabajar en remoto e integrarse en la economía digital. Tratar de descargar un documento de tamaño medio te lleva tanto tiempo como necesitó el autor para escribirlo. Te irrita pero como enojarse no te lleva a ningún lado, pues piensas en cómo aprovechar el tiempo. Y qué mejor manera que dedicándolo a las lecturas atrasadas. ¡Siempre hay tanto por leer y por estudiar!
Entre los libros que me esperaban, porque avanzaba en pequeñas dosis de pocas páginas en los escasos ratos libres, tenía ‘Comer y beber. Una historia de la alimentación en España’. Escrito por María Ángeles Pérez Samper, catedrática de Historia Moderna en la Universidad de Barcelona, que ha dedicado muchos años al estudio de la historia de la alimentación desde su perspectiva social y cultural.
Una obra amena e interesante de la que destaco la minuciosa y extraordinaria labor investigadora de la autora, buscando pistas y vestigios en distintas fuentes documentales: novelas, recetarios de la corte, de monasterios y conventos, tratados médicos y farmacéuticos, textos históricos o libros de viajes, así como en obras pictóricas para contarnos como a lo largo de la historia hemos ido incorporando nuevos alimentos a nuestra dieta. Particularmente curioso es como detalla los orígenes de nuestra tortilla de patatas.
Estos tubérculos, como otros muchos alimentos, pueden ilustrar que la globalización, la interconexión, dependencia e influencia reciproca de los distintos puntos del orbe, no es un fenómeno actual, sino que comenzó hace muchos siglos. Tras el descubrimiento de América por los españoles en 1492 los alimentos viajaron en ambas direcciones. Los hubo de ida y vuelta como el café, la caña de azúcar y los plátanos que, de procedencia asiática llegaron a occidente con el imperio islámico, se cultivaron mejor allí. Otros tuvieron rápida aceptación en España como judías, pimientos, tomates, chocolate, batatas o pavos.
Sin embargo, el maíz y las patatas tuvieron una lenta introducción. El cultivo de la patata comenzó hacia 1554 fundamentalmente para alimentar a los animales y por el norte donde el clima no favorecía el cultivo de cereales. Solo la necesidad por la escasez tras las malas cosechas o las penurias de las guerras extendió su consumo en ollas populares y sopas económicas. Gracias a la innovación hacia 1767, tras años de usarlas sin éxito como sustituto del trigo para fabricar pan, en lugares como La Mancha, Extremadura y Navarra comenzaron a añadirse las patatas a los huevos para alargar las tortillas y que pudiera comer toda la familia.
 Así, la autora no encuentra hasta el XVIII mención alguna a la patata en los libros de cocina y hay que esperar al XIX para encontrar la tortilla de patatas entre las recetas de los gastrónomos.