EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


El lenguaje falso y cursi

20/10/2020

Hay usos del lenguaje que no están al servicio de la comunicación de la verdad, por su opacidad  o por engañosos, que son los emitidos en muchos discursos políticos.
Hay expresiones confusas y de relleno que convierten en ruido lo que tendría que ser un sonido audible, otras veces son construcciones puramente nominales que tratan de sustituir la realidad y que forman la propaganda, tales como la dañina mentira: ‘Estamos en la Champions League de la economía’ o la fantasmada: ‘Hemos salido más fuertes’ de la epidemia.
Para inflar el discurso suelen repetirse las palabras o las frases, creando bucles que lo recargan, algunos tan enfermizos como el ‘compañeros y compañeras’. También para sobrevalorar las palabras las acentúan en dos sílabas, como sucede en ‘respónsabilidád’.
Para sintonizar con el pueblo se adoptan modas como ‘postureo’ que usarlo ya es incurrir en ese exceso de apariencia que denuncia. En el  XVII, Jean de La Fontaine dijo que todos los cerebros del mundo eran impotentes contra cualquier estupidez que estuviera de moda. La innovación innecesaria sirve para fingir superioridad y progreso: ¿hay español de cultura media que soporte la ‘resiliencia’ en lugar de recuperación, como ‘logística’ en vez de distribución o ‘triaje’ en vez de clasificación? A esto se añade el uso de una fonética sin semántica, que son como golpes de sonido, énfasis verbal sin contenido acompañados de imágenes. En las entrevistas, una evasión común es la de cribar previamente las preguntas que se le van a hacer o responder cualquier otra cosa, como el conocido: ‘manzanas llevo’. Con tanto lío, a veces se traicionan con frases como ‘Nunca he dicho eso ni lo volveré a decir’.
Hay palabras vacías o ambiguas, de tipo deíctico, cuya aplicación es relativa pero se utilizan como absolutas, sean dignidad, altura de miras, sentido común, tolerancia o sensibilidad. Otra chatarra verbal sirve para camuflar torpes realidades bajo nombres ideales como multiculturalidad, progreso, diálogo, conciencia social, memoria histórica o visibilidad, que es fácil saber lo que encubren. Unas y otras son para Larra: «Palabras vacías de sentido con que trata el hombre de descargar en seres ideales la responsabilidad de sus desatinos».
Donde más y mejor lucen los mandatarios es prometiendo mucho -hasta un puente en una ciudad sin río- porque piensan cumplir poco. La fallida promesa del AVE a Extremadura me hace exclamar con el humor más sano: «me gustan quienes no prometen lo que cumplen».
Una muestra actual de lo falso es el importante ‘Plan de recuperación, transformación y resiliencia (redundancia de recuperación en la misma frase)’ dotado de cuatro ‘ejes transversales’ y diez puntos. Uno es la ‘modernización del sistema fiscal’ y otro la ‘agenda urbana y rural’ ¿Qué realidad encubre tal palabrería? Pues el primero es subir los impuestos y el segundo crear delegaciones, secretarías, oficinas, comisiones y chiringuitos para colocar a los amigos. Lo que alucina es proponer como desarrollo económico ‘la igualdad de género’.
Si el lenguaje político sufre de falsedad, entre nosotros también peca de cursilería.