Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Y la ¿Unión? Europea

15/03/2020

Ha sido un fin de semana extraño. Esa sensación de fragilidad, incertidumbre, riesgo global, que caracteriza la era posmoderna, ha estado más presente que nunca. En nuestras casas, nuestras mentes y nuestros cuerpos. Una curiosa paradoja estamos viviendo. En momentos de aislamiento y desconexión física con el mundo exterior, es cuando más pensamos en el otro. Esos mensajes solidarios para cuidar de los demás, las llamadas y preocupación hacia familiares a los que antes no llamabas ni veías durante días. El sentirte parte de una comunidad y reclamar la asistencia y el cuidado del Estado y sus servidores públicos, cuando como sociedad hace décadas que les hemos dado la espalda. Esa sensación, como decía Santiago Alba Rico, «de que nos está pasando algo real y a todos juntos».
En estas circunstancias, como estamos viendo, sale lo peor y lo mejor de nosotros como especie, y también se están poniendo en evidencia lo mejor y lo peor de algunos de los modelos económicos y culturales que gobiernan el mundo. Una pandemia de esta envergadura es más rápida y virulenta gracias a la globalización neoliberal, pero cómo salgamos de esta, tiene mucho que ver con la gestión de la crisis por parte del Estado, con la responsabilidad y civismo de la ciudadanía, con el refuerzo de nuestros servicios públicos y con una atención lo más equitativa posible ante el sufrimiento, las necesidades y las pérdidas.
De momento, algunas claves geopolíticas nos dicen mucho. Las grandes potencias neoliberales, globalizadoras y ahora patrióticas, Estados Unidos y Reino Unido, con Trump y Johnson a la cabeza, cierran fronteras, priorizan la economía y abandonan a las personas a su suerte. «Admitid que vuestros familiares se mueren pero no vamos a parar la economía», ha dicho el presidente del Brexit.
El grito de SOS de Italia es atendido por China, que tiene controlada la situación y ha enviado a Europa toneladas de recursos sanitarios, mostrando al mundo su potencia científica, disciplinaria y social. Y Europa, la vieja Europa, se ha retratado como lo que es y ya sabíamos aunque no por ello, deje de resultarnos cruel y lamentable. La Unión Europea no es más que una corporación multinacional en un área de negocio, y además débil y subalterna en el escenario mundial. Raudos y veloces para salvar a la banca privada y poner las economías nacionales a su servicio pero incapaces de tomar acuerdos y recursos comunes para atender la emergencia sanitaria y social en la pandemia del coronavirus en Europa.