Con los pies en el suelo

Alejandro Bermúdez


La peor corrupción

11/09/2020

A lo largo de mi vida he sido testigo, al menos televisivo y a través de prensa y radio, de innumerables casos en los que un humanoide u otro había hecho lo que no debía: atentados contra la vida, la integridad, el honor, el patrimonio, etc. Al autor se le trincaba y, si se podía, que era casi siempre y se le aplicaba el correctivo correspondiente. Jamás vi que tras atracar a una anciana, se detuviera a la anciana y se la acusara de ‘resistencia al atracador’ por no haber entregado la medalla y el monedero con la amabilidad necesaria.
¿Les suena a broma o a exageración? Pues de broma no tiene nada. Esto está pasando ya en España con las ocupaciones de viviendas. Un ocupa –no sé qué hay que hacer para que te den el carnet de ocupa- entra en tu vivienda tras descerrajar la puerta, y si tú haces lo mismo, es decir, también entras en tu vivienda descerrajando la puerta porque el ocupa –perdonen que no lo escriba con ‘k’, pero me niego- ha cambiado la cerradura, acudirá la policía y en base a no sé qué principio, el ocupa seguirá dentro y tú iras detenido ‘por coacciones’, por no dejar al ocupa disfrutar del fruto del sudor que le ha supuesto dar una patada a la puerta.
Esto está ocurriendo en España y no es un caso aislado. Son ya miles, y son miles los dueños de viviendas que se han visto privados del uso de sus viviendas. La razón no es otra, que la de ser esta plaga parte de la clientela de las fuerzas bolívar-comunistas, cuya influencia política y social es, desgraciadamente, innegable.
Esto es un verdadero atentado y de un calibre nunca visto, porque es, en primer lugar, un atentado a la razón. Nadie en su sano juicio entiende esta situación. En segundo lugar es un atentado cometido con el auxilio de los poderes públicos, que, en lugar de ponerse al lado la víctima que sufre un ataque a sus bienes, se coloca del lado de infractor.
Esta es la novedad del asunto, no que alguien pretenda apropiarse de lo que no es suyo, porque eso es más viejo que la sombra. Lo peor es que el ejemplo cunde y estamos creando una sociedad con un porcentaje de personas que no se atienen a las mínimas reglas de la razón que asusta. Nos cuentan, por ejemplo, que hay un 25% de la población a los que llaman ‘negacionistas’ que no creen en la pandemia. Supuestamente la pandemia es un invento del Estado para controlarnos. Yo ya sé que el Estado, según quien lo gobierne, es capaz de cualquier cosa, pero ¿cómo han convencido o sobornado a tantos profesionales de la salud para que vean virus donde no los hay? ¿Y también fingen los que lo padecen?
Este es el problema de dar carta de naturaleza a la irracionalidad, que llega un momento en que ya se discute hasta la teoría de la gravedad. La consecuencia es que se empieza a salir de los edificios por los balcones…
Creo que es momento de tomarnos en serio estas situaciones si no queremos llegar a un punto de no retorno en el que no distingamos lo frío y lo caliente y veamos a estos energúmenos ocupando las principales magistraturas.